Evita estos 9 errores al escribir tu novela romántica

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Los errores al escribir una novela, sobre todo cuando es la primera, suelen ir en grupos de cinco (por no decir de diez). Es normal.

El proceso de escritura de una novela no empieza cuando te sientas delante del ordenador y escribes en el documento en blanco «Título: nipajoleraideatodavía». El proceso de escritura empieza mucho antes, cuando surge esa primera idea que luego se convertirá en novela, relato o lo que te salga escribir.

Porque esa idea va a ir cogiendo forma en tu mente y esa es otra forma de escribir, de crear.

De otra cosa no puedo presumir, pero de cagarla a lo salvaje a la hora de escribir y publicar mi primera novela, saco pechopaloma porque hice tantas tan mal hechas, que deberían darme un diploma a la metepatas profesional del año.

Además, hablo con muuuchas escritoras de romántica que han compartido conmigo sus primeras experiencias y yo, que soy superorganizada (¡menuda trola!) las he ido apuntando para añadirlas a las mías y así hacer un superpost como este.

Así que, como este es mi blog y no quiero que caigas en las mismas trampas que muchas de nosotras, voy a contarte uno a uno los errores con los que te puedes encontrar.

Y sin más dilación, empezamos con la lista de errores de este post que podría haber titulado: «cagadas monumentales de escritoras de romántica». Podría, pero no lo he hecho porque me estoy haciendo mayor y me estoy convirtiendo en una persona educada.

Error 1: poner nombres parecidos o que tienen la misma inicial

Es un error porque confunde a la lectora.

Parece una chorrada, pero cuando alguien lee una novela, está haciendo un esfuerzo de concentración brutal, aunque no seamos conscientes de ello. Las palabras que leemos evocan imágenes en nuestra mente, por eso es necesario que el lenguaje sea sencillo y atrayente, para que nuestro cerebro ponga toda su atención en él y así seguir imaginando todo eso que la historia nos cuenta.

Cuando algo nos saca de lo que leemos porque no lo entendemos o porque requiere más esfuerzo del que estamos ya poniendo, es cuando dejamos la lectura. Es el típico «demasiados personajes», «demasiado descriptivo», «demasiados [inserta aquí cualquier cosa que molesta]. Llega un momento en que todo es confuso, demasiados personajes o demasiados nombres. Y si encima los nombres se asemejan los unos a los otros, puede hacer que abandones la lectura.

¿Es siempre así? No. Te cuento dos casos distintos.

Por ejemplo, cuando leí La mujer de la libreta roja, de Antoine Laurain, los dos protagonistas tienen nombres muy parecidos: Laurent él y Lauren ella. En ningún momento me confundió, porque solo son dos personajes y la verdad es que tal y como está narrada, esa similitud no resultaba liosa.

Sin embargo, hace un mes o así intenté leer Las herederas de la Singer, de Ana Lena Rivera, y no pude terminarla porque habla de diferentes mujeres de una misma familia, hace saltos en el tiempo muy salvajes y todas ellas tienen un nombre que empieza por A. Siempre le tengo un poco de fe a la historia y llegué hasta el primer tercio del libro pensando que en algún momento me acostumbraría y empezaría a entender. Pero no llegó ese momento, así que es una novela que no puedo recomendar, pero sí es un error del que te puedo avisar.

Y esta novela me da pie al…

Error 2: saltos en el tiempo sin estructura clara

Hay novelas como la que acabo de nombrar, que al leerlas no hay un hilo conductor. Te van contando cosas como si te dieran piezas de un puzle y tú fueras montando el mapa que no tiene forma lógica hasta el final, aunque en este caso, no sé si lo tenía porque no llegué a terminarlo. Pero a veces funciona y a veces no.

Mi consejo es que si no tienes arte haciendo ese tipo de estructura, no te arriesgues. Y si la haces como reto escritor, hazla, pero medítala bien y sobre todo, coteja con tus beta y lectoras cero si funciona o no. Si la gente se pierde, tienes que lograr que esos saltos estén justificados y sean fáciles de seguir.

Una novela que te recomiendo que hace muy bien ese efecto de ir y venir a través de los años y no te pierdes ni una vez es Nuestro último verano en la isla, de Abril Camino. Es una historia preciosa que como escritoras podemos aprender mucho de ella: la forma narrativa, cómo hacer bien los saltos en el tiempo, cómo explicar varias historias a la vez que se entrelazan en algunos puntos tan bien que la lectora nunca se pierde…

Error 3: falta de documentación

Aunque esto parezca una reseña negativa de las Herederas de la Singer, no lo es. No es mi intención poner verde esa novela, simplemente no es para mí. Pero es que da la casualidad de que este error también lo comete, aunque admito que no sé hasta qué punto es percepción mía o no. En uno de esos saltos en el tiempo, una chica dice algo como «Yo lo flipo, tía». Y no sé, juraría que en 1980, que es cuando supuestamente ese personaje lo dice, todavía no decíamos «lo flipo».

Corrígeme si me equivoco, por favor. Porque lo he consultado y si en los 80 ya se decía, hasta 2007 la RAE no lo aceptó en el diccionario y en ese caso me gustaría escribirles a esos señores para preguntarles cómo tardaron casi tres décadas en incluir esa palabra como aceptada en nuestro idioma. ¿Qué hacen? ¿Solo calentar las sillas? Porque trabajar, no trabajan mucho.

En cualquier caso, si vas a dedicarte a la novela histórica o vas a dar saltos en el tiempo, asegúrate de que no se note la generación de la que eres hija y piensa siempre que una señora madrileña durante la posguerra no hablaba igual que una señora nacida en los ochenta. (Sí, me acabo de llamar señora a mí misma. Y a ti de rebote si naciste en los 80).

Error 4: tratar muchos temas o demasiados personajes

Si hasta Julia Quin escribió un libro por personaje de los Bridgerton porque todos a la vez iba a ser un infierno.

Además, se molestó en buscarles nombres que siguieran orden alfabético a medida que nacían los niños, lo cual nos da pistas hasta de quién es más mayor (Anthony) y quién más pequeña (Hyacinth).

A veces nos encontramos con novelas que quieren tratar tantos temas que, o algunos pasan desapercibidos y pierden importancia a medida que se explica la historia o, finalmente, todos quedan diluidos sin conseguir el efecto deseado, que suponemos que es hablar de algo en concreto que interesa a la autora.

La cuestión es que podemos tocar muchos temas, pero uno tiene que estar ahí desde el principio y debemos tratarlo de manera que se entienda la importancia que tiene. Que cualquier persona que termine el libro lo cierre entendiendo realmente cuál es el mensaje (si lo hay) y que no quede en un montón de palabras que la lectora la pueda olvidar en unos días.

Error 5: inicio o presentación muy extensa

Consejo de lectora: el conflicto (eso que hace que tu prota se encuentre entre la espada y la pared, el giro por el que ese personaje va a tener que hacer un cambio de vida, pensamiento o lo que sea a lo que se enfrenta), tiene que estar en las primeras páginas. Y si está en la página número uno, mejor.

Si el conflicto está bien escogido y es potente, te aseguro que nadie va a poder dejar tu novela si se lo presentas en las primeras líneas. Fíjate en las buenas novelas y analiza qué extensión tienen de presentación de la escena: personajes, situación de los mismos, y problemática contra la que deben luchar o enfrentarse. Un gran porcentaje de ellas se inician en plena hecatombe.

Las lectoras leen para entretenerse, si no las enganchas desde un principio, se aburren y te abandonarán.

Error 6: describir todo vs. escenarios en blanco

Lo suyo es encontrar un equilibrio entre explicar todo y explicar nada.

Se le llama «escenario en blanco» a esa escena que podría suceder en cualquier lugar porque no se hace referencia a lo que rodea a los personajes ni a su ambientación.

Y luego está lo que yo llamo «Diógenes descriptivo», que es describir por describir. Una cosa es que queramos que la lectora se sitúe en el lugar donde sucede todo porque es importante, pero todo todo todo te aseguro que no es necesario.

Pongamos el caso de que estamos describiendo una escena que sucede en una cafetería. ¿Qué es importante para sumergir a la lectora en esa ambientación? El sonido de la cafetera, el aroma a cruasán recién sacado del horno… ¿Qué es irrelevante? El número de personas o mesas que rodea al personaje, el color de las zapatillas de la pastelera, el coche rojo abollado de la acera de enfrente…

Una cosa es describir algo con pequeñas pinceladas para provocar una lectura inmersiva y otra muy distinta es no dejar ni un detalle para la imaginación de la lectora. Eso no mola nada.

Error 7: que todo se solucione con rapidez vs. que nunca se solucione nada

Es tan pesado leer algo que no tenga tensión porque todo se soluciona en un pestañeo, como lo contrario, hacerlos padecer y separarse una y otra vez para alargar más la historia. Cada novela pide su número de escenas para ser contada. Y está genial hacer sufrir a los personajes, porque con ellos lo hacemos nosotras y cuanto peor se lo haga pasar la autora, mejor.

Pero siempre hay un límite. Porque si nos excedemos, podemos dejar un mal recuerdo en las lectoras.

Error 8: lenguaje rimbombante

No es por nada, pero es agotador.

Como he comentado antes, cuando leemos, el cerebro está ocupado en imaginar lo que le estamos explicando. Vamos, que estará ocupado en imaginar el abdomen de no sé qué muso que está tremendo y tú vas y le colocas en medio de esa narración palabras como «munificencia» o «nefelibata». Lo más probable es que tengan que ir a buscar qué significado tienen y ya les has sacado de la historia.

Si quisieran algo complicadísimo de palabras rebuscadas y arcaicas irían a leer El Quijote.

Error 9: clichés y el mismo argumento una y otra vez

En la romántica todo es un cliché. O hasta hace poco era eso lo que se decía. Pero no.

Una cosa son los clichés y otra los tropos.

Por ejemplo, el tropo sería de enemigos a amantes, dos personas que no se aguantan por algún motivo y que finalmente acaban enamorándose y el cliché sería que ella fuera la rarita del insti que se convierte en guapísima cuando se quita las gafas de culo de vaso y que él tuviera una inteligencia justita porque es el popular.

Podemos usar muchas fórmulas, lo de popular + friki en historias de instituto está muy visto, pero si encima tiramos de clichés de la rubia tonta popular o el raruno con tirantes que saca matrículas de honor, puede que tu novela termine siendo muy parecida a otras tantas que hay por ahí.

Y hasta aquí puedo escribir.

Si se te ocurren otros errores que hayas cometido y que no estén aquí, te agradecería que los compartieras para apoyar la causa. La causa es que las que se inician en esto de la novela romántica no cometan los típicos errores al escribir una novela.

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2 respuestas

  1. Hola, Bea:
    Me gustó lo que dijiste sobre Nuestro último verano en la isla y lo leí. No sé si es mi novela favorita, pero hace realmente bien los saltos en el tiempo que comentas. Además maneja muy bien los tiempos verbales. Me la voy a apuntar para recurrir a ella de vez en cuando y tomar nota de cómo hay que hacer las cosas. 🙂
    Por cierto, me encanta tu nueva web.
    Un abrazo,
    Cris

    1. Ay, muchas gracias, Cris. Me alegra que hayas visto lo mismo que yo, aunque no vaya a ser una de tus novelas favoritas. Un abrazo y gracias por pasarte a dejar tu opinión. Besos.

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