Protagonistas de 40 años en novela romántica: lo que no se ve (y hace que tu historia sea inolvidable)

Protagonistas de 40 años en novela romántica: lo que no se ve (y hace que tu historia sea inolvidable)

Hace mucho tiempo que ya no me atraen las historias de adolescentes o las new adult. Quizás porque yo ya no estoy ahí o porque mi hija es una preadolescente que tiene una octogenaria dentro y me apetece muy poco lidiar con más adolescencia entre las páginas de un libro. La cuestión es que ya no leo cosas de jóvenes (ni las escribo). Ahora solo quiero protagonistas de 40 años en novela romántica.

Las protas de más de 40 no necesitan grandes giros de guion para sostener una historia, solo necesitan verdad. Porque a los 40, lo que pesa no es lo que ocurre, es lo que ya ha ocurrido. Y, sobre todo, lo que una optó por no hacer para cumplir un plan propio o ajeno que no ha hecho de ella la persona que esperaba. O sí, pero no la persona feliz que esperaba ser.

Si escribes romántica o quieres hacerlo, entender esto es la diferencia entre publicar una historia que se lee y una historia que se queda.

Si quieres profundizar en cómo construir personajes que realmente conecten, te dejo este artículo sobre desarrollo de personajes románticos que puede ayudarte a bajar todavía más a tierra todo esto.

Por qué las protagonistas de 40 años en novela romántica conectan tanto

Hay algo casi magnético en una protagonista que ya no está empezando. Porque no busca encontrarse, sino no perderse del todo o recalcular ruta.

La lectora reconoce en ella el cansancio emocional, las decisiones que no salieron como esperaba y esa sensación de ir un poco tarde a todo. Y ahí ocurre la magia. Una protagonista de más de cuarenta no busca identificarse de manera superficial, eso ya lo trae hecho desde la juventud, lo que hace a partir de los 40 es reconocerse y aceptarse.

Por eso este tipo de historias funcionan tan bien dentro de la novela romántica contemporánea, porque hablan de amor, pero también de identidad, de expectativas y de todo lo que no salió como nos prometieron.

Los conflictos reales de una protagonista de 40 (más allá del amor)

Aquí es donde muchas historias se quedan en la superficie, porque el conflicto es conocer a alguien sumado a todo lo que viene con ello.

Una protagonista de 40 arrastra:

Silencios, cosas que no dijo cuando tenía que decirlas, conversaciones que evitó y decisiones que dejó pasar.

Renuncias que no siempre son dramáticas, a veces solo son pequeñas o invisibles, pero se acumulan y a menudo es lo que la convierten en una persona insatisfecha.

Decisiones que no tomó o tomó erróneas. Quizás solo deba elegir quedarse, o no seguir intentando algo que no le satisface. Elegir no complicarse la vida o, por el contrario, optar por vivirla a tope, pero no necesita demasiados fuegos artificiales para que su historia tenga chispa, interés o enganche. Ya se ha superado el amor intenso, las decisiones gordas de la vida: tener hijos o no, estudiar una carrera u otra…

Esto conecta directamente con algo que trabajamos mucho cuando hablamos de tipos de conflictos literarios: el conflicto más potente no siempre es externo, sino interno y sostenido en el tiempo. Y ahí es donde la historia empieza a respirar de verdad.

Cómo escribir protagonistas maduras sin caer en clichés

Aquí viene el terreno pantanoso porque es muy fácil caer en uno de estos tres extremos:

La mujer rota que necesita ser salvada. No. Caca. Eso ni lo toques.

La superwoman que puede con todo. Tampoco. Flipas. De hecho, dejé una serie a medias (Younger, por si no quieres quedarte con la intriga) por este motivo. ¿Qué mujer de cuarenta, con todo lo que se tiene encima a esa edad, se le da bien todo, lo hace todo bien, tiene un cuerpo de escándalo sin esfuerzo y le van detrás todos los hombres con los que se cruza?

La protagonista que «renace» mágicamente gracias al amor. Menos aún. Ya tuvimos suficiente con las princesas Disney. Nada de resucitar gracias al amor, pero ni a los cuarenta ni a los dieciocho, por favor.

Una protagonista de 40 bien construida es otra cosa. Es contradictoria, quiere amor, pero su estabilidad está por encima de la relación. Es práctica, no suele idealizar, ve con bastante claridad lo que tiene delante. Está cansada y aun así, sigue. Sabe cosas, porque ha tenido tiempo de vivirlas a través de ella misma o de su círculo.

Qué busca la lectora en una novela romántica con protagonistas de 40

No busca perfección, sino verdad emocional, matices, nada de blanco o negro. Se queda con un amor que no borre el pasado, sino que conviva con él.

Y aquí hay algo importante: la lectora no necesita un final perfecto, necesita un final que sienta posible. La lectora interesada en protas de más de cuarenta es alguien que no quiere cuentos de hadas, pero tampoco quiere renunciar a creer en el amor.

Ejemplos de protagonistas de 40 años en novela romántica

Cada vez hay más historias que se atreven con este tipo de protagonistas y no es casualidad.

Porque el mercado está cambiando y las lectoras también. Crecemos. Las que vibramos con novelas como Crepúsculo no renegamos de ellas, pero ya no queremos vampiros de cien años que brillen al sol, preferimos un amor real y bonito, que nos dé seguridad y nos sostenga. Y algunas, si él es más joven, pues mejor que mejor. Esto es broma (aunque a veces sí es verdad).

Estas son algunas de las autoras que escriben historias con protas de más de 40:

Helen Rytkönen. Nada más entrar en su web ya te dice lo que vas a encontrar: novelas sobre mujeres adultas. Helen habla de mujeres de más de cuarenta o alrededores, con problemas reales: hijos, matrimonios fallidos y vidas truncadas que encuentran segundas oportunidades en el amor.

Edine Connors. Esta autora tiene algunas novelas con protagonistas de más de 40 con vidas complicadas. Sin embargo, el amor llama a sus puertas. No porque lo necesitan o lo buscan, sino porque lo merecen.

Yo misma. Aunque mis protagonistas están a punto de llegar a los 40 y alguna los pasa, no encontrarás vidas de madre, sino mujeres que no quieren serlo o que no lo tienen como prioridad. Tampoco el matrimonio o la pareja en sí. Solo buscan su lugar en el mundo tras darse cuenta de lo decepcionante que ha sido llegar a la adultez.

Si estás escribiendo una novela con este tipo de protagonista, no subestimes el poder de lo pequeño. A veces, una decisión aparentemente insignificante tiene más carga emocional que cualquier giro de trama.

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Queda tiempo para hacerlo mejor - Bea Peidró

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