
Es curioso cómo un seudónimo ha pasado de ser necesario para no morir en el intento de vivir de escribir a convertirse, en muchos casos, en una herramienta para no morir en el intento de ser reconocible.
A lo largo de la historia, muchas mujeres tuvieron que esconderse tras nombres masculinos o publicar de forma anónima para que sus textos fueran tomados en serio. No era una estrategia de marca personal, era una manera de entrar en un espacio que no estaba pensado para ellas.
Ahora las razones son distintas. Una escritora puede elegir un seudónimo para preservar su intimidad, separar dos facetas profesionales, distinguir los géneros que escribe o evitar desaparecer entre cientos de personas con el mismo nombre. El seudónimo ya no solo oculta, también identifica.
Y ahí aparece una pregunta inevitable: si vas a cambiarte el nombre para publicar, ¿cómo escoges uno que la gente recuerde y pueda encontrarte con facilidad?
El seudónimo en la historia de la mujer
Es conocido por casi todo el mundo que el seudónimo ha sido un aliado a la hora de publicar libros escritos por mujeres.
Cuando nuestro género no tenía ni siquiera derecho al voto, muchas escritoras deseaban publicar novelas y artículos, pero solían esconderse tras el anonimato. Jane Austen publicó sus obras sin revelar su nombre. Sentido y sensibilidad apareció firmado como «By a Lady»; las siguientes se atribuyeron a la autora de las novelas anteriores, pero Jane Austen no llegó a ver su nombre en aquellas primeras cubiertas.
Otras escogieron seudónimos masculinos porque sabían que lo que escribiera un George tendría más validez ante el público que si lo firmaba una Georgina. Ya se sabe, los prejuicios (y el orgullo masculino).
Las hermanas Brontë publicaron como Currer, Ellis y Acton Bell. Charlotte, Emily y Anne conservaron sus iniciales, pero escogieron nombres que no permitían identificar con claridad su género. Querían que sus obras se juzgaran por sus méritos y no por haber sido escritas por mujeres.
Louisa May Alcott publicó Mujercitas con su propio nombre, aunque utilizó A. M. Barnard para firmar relatos góticos y narraciones más oscuras que se alejaban de la imagen por la que después sería conocida.
En nuestro país también tenemos a Caterina Albert, que adoptó el nombre de Víctor Català después del escándalo provocado por La infanticida. El problema no era que el texto careciera de valor, sino descubrir que aquella obra tan incómoda la había escrito una mujer.
Toda una hazaña ser mujer y escritora por aquellos años.
¿Por qué utilizar un seudónimo como escritora?
No hace falta esconder un secreto inconfesable ni inventarse una biografía en Vermont para publicar con seudónimo, puede responder a motivos muy prácticos.
Quizá tienes un nombre tan habitual que resulta difícil encontrarte en Google. Puede que ejerzas una profesión que prefieres mantener separada de tu faceta literaria o que no quieras exponer tu vida privada cada vez que promocionas una novela. También es posible que escribas géneros muy diferentes y necesites que el público distinga con claridad qué encontrará bajo cada firma. En ese caso, el seudónimo puede convertirse en una herramienta de diferenciación literaria y ayudarte a construir una identidad reconocible para cada catálogo.
Pensemos en una autora que publica novela infantil y, además, thriller erótico. Usar dos nombres distintos no implica avergonzarse de ninguno de los dos géneros. Puede servir para que una familia que busca un cuento no llegue por accidente al catálogo equivocado y para que cada tipo de lector sepa qué puede esperar.
El seudónimo también puede ser una forma de ganar seguridad. A algunas personas les resulta más fácil exponerse, hablar de sus libros o acudir a un evento cuando sienten que lo hacen desde una identidad literaria. Si cambiar un nombre te ayuda a ocupar un espacio que de otro modo no te atreverías a ocupar, tampoco hay en ello.
El seudónimo como herramienta de marketing literario
Elegir un seudónimo es también tomar una decisión de marketing, aunque esa palabra quite algo de romanticismo al asunto. Al fin y al cabo, el nombre con el que firmas forma parte de tu marca personal como escritora y condiciona cómo te recuerdan, cómo te buscan y cómo te recomiendan las lectoras.
Entre las escritoras españolas existe desde hace años cierta tendencia a escoger nombres anglosajones. Yo me pregunto: ¿es con la intención de despistar? ¿Seguimos pensando que lo que viene de fuera es mejor que lo que tenemos aquí? ¿Hasta qué punto tiene sentido construir una supuesta procedencia que se desmonta en cuanto la biografía empieza con «nacida en Cuenca»?
No soy partidaria de usar un seudónimo para fingir que eres otra persona. Debe ayudarte a ser identificable. Si el nombre anglosajón tiene una razón, encaja contigo y te representa, adelante. Si lo escoges porque crees que una novela romántica parecerá más profesional firmada por Melanie Burton que por María Díaz, quizá convenga revisar de dónde nace esa idea.
Siempre entenderé que se use seudónimo cuando el nombre real es muy corriente. Laura García, Maite Martínez, Silvia López… En primer lugar, porque puede resultar más difícil recordarlo. En segundo, porque es probable que ya existan otras autoras, profesionales o perfiles con ese mismo nombre.
¿Te imaginas? «¿Tú eres Laura García, la de Mi más sentido miau?». «No, esa es la que está sentada allí; yo soy la de Amor a primer pésame». Follón, follón del bueno.
Pablo Neruda lo hizo fenomenal. Su nombre real era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y escogió una firma breve, sonora y fácil de recordar. Claro, ante semejante despliegue de nombres y apellidos, cualquiera no se planteaba buscar una versión más manejable.
Pero un nombre bonito no basta. Para que un seudónimo funcione como marca literaria, la lectora debe poder recordarlo después de oírlo, escribirlo sin necesitar tres intentos y encontrarte cuando lo busque.
Ventajas y desventajas de publicar con seudónimo
Publicar con seudónimo puede ayudarte a proteger tu intimidad, diferenciar líneas literarias y construir una identidad más reconocible. También puede evitar que tu obra quede mezclada con los resultados de otras personas que se llaman exactamente igual que tú.
Sin embargo, tiene inconvenientes. Mantener dos nombres puede suponer duplicar páginas web, perfiles sociales, newsletters y esfuerzos de promoción. Si ya tienes una comunidad creada con tu nombre real, empezar con otro significa explicar la relación entre ambas identidades o construir una audiencia desde cero.
El anonimato, además, nunca está completamente garantizado. Una editorial, una plataforma de autopublicación o cualquier empresa que deba pagarte necesitará conocer tus datos legales. Las facturas, los contratos y las obligaciones fiscales no desaparecen porque en la cubierta aparezca otro nombre.
Y queda una cuestión menos evidente: tendrás que responder a ese seudónimo. Tendrás que presentarte con él, escucharlo en entrevistas y verlo impreso durante años. Si te da un poco de vergüenza decirlo en voz alta ahora, imagina hacerlo ante una librería llena.
Cómo elegir un buen seudónimo de escritora
Escoger un seudónimo de escritora no consiste solo en juntar un nombre que te gusta con un apellido que suena bien. Ese nombre tendrá que trabajar para ti.
Elige un nombre fácil de recordar y escribir
No hace falta que sea corto, pero sí que pueda entenderse cuando lo pronuncias. Si cada vez que lo dices tienes que deletrearlo, corregir la pronunciación o explicar dónde lleva una hache, estás introduciendo una barrera entre una posible lectora y tus libros.
Haz una prueba muy sencilla: di el nombre en voz alta a varias personas y pídeles que lo escriban. Después enséñaselo durante unos segundos y pregúntales al día siguiente si lo recuerdan. No es un estudio científico, pero puede evitarte un problema bastante real.
Comprueba que no lo utiliza otra escritora
Que no conozcas a ninguna autora con ese nombre no significa que no exista. Búscalo entre comillas en Google y revisa Amazon, Goodreads, librerías digitales y catálogos bibliográficos.
No te limites a comprobar la coincidencia exacta. Dos nombres casi idénticos dentro del mismo género pueden confundir a las lectoras, provocar que las reseñas terminen en el perfil equivocado o hacer que una búsqueda lleve antes al catálogo de otra persona que al tuyo.
Revisa qué aparece en Google
Quizá nadie firma novelas con el nombre que has elegido, pero pertenece a una empresa, a un personaje conocido o a alguien cuya presencia digital ocupa varias páginas de resultados. Competir desde el principio con una clínica dental, una cantante y una protagonista de televisión no parece la mejor manera de facilitar que te encuentren.
Busca también el nombre sin tildes, con posibles errores de escritura y junto a palabras como «escritora», «autora», «libro» o el género que piensas publicar.
Comprueba el dominio y los perfiles sociales
Antes de decidirte, mira si puedes registrar un dominio razonable y utilizar un nombre parecido en las redes donde de verdad vayas a estar. No es imprescindible conseguir exactamente el mismo usuario en todas partes, pero sí evitar una colección de números, guiones y añadidos imposibles de recordar.
Tampoco reservaría perfiles en siete redes por el simple placer de abandonarlos. Comprueba la disponibilidad y protege los canales importantes para tu estrategia.
Valora si encaja con lo que escribes
Un nombre crea expectativas aunque no queramos. Puede sonar clásico, juvenil, cercano, misterioso o asociado a un idioma concreto. No tiene que describir literalmente tu género, pero conviene preguntarte qué imagina alguien que lo ve por primera vez.
La prueba no consiste en decidir si «parece nombre de escritora». Nadie sabe muy bien qué significa eso. Se trata de comprobar si el nombre contradice de forma evidente la identidad que quieres construir.
Piensa si seguirá representándote dentro de unos años
Ese juego de palabras que hoy te parece graciosísimo puede dejar de hacerlo cuando hayas publicado cinco novelas. Evita nombres ligados a una moda pasajera, a un único libro o a una etapa que sabes que terminará pronto.
Y, sobre todo, no elijas deprisa. Cambiar de seudónimo después es posible, pero resulta bastante más pesado que dedicar unas semanas a escoger bien el primero.
¿Cómo saber si un seudónimo está disponible?
No existe una única base de datos que te dé un enorme sello verde y confirme que el seudónimo es tuyo. La comprobación exige mirar en varios sitios.
Yo revisaría, como mínimo:
- Google, utilizando el nombre entre comillas.
- Amazon, Goodreads y las principales librerías digitales.
- El catálogo de la Biblioteca Nacional de España.
- Instagram, TikTok, Facebook, LinkedIn y las redes que vayas a utilizar.
- La disponibilidad del dominio web.
- El localizador de marcas de la Oficina Española de Patentes y Marcas.
Que el nombre no aparezca en la primera página de Google no significa automáticamente que esté libre. Tampoco es lo mismo comprobar si puedes usar una firma literaria que obtener protección jurídica sobre ella. Si pretendes convertir el seudónimo en una marca, vender productos con ese nombre o construir un negocio a su alrededor, conviene estudiar el registro de marca y, si tienes dudas, consultar a una profesional especializada.
¿Se puede publicar y registrar un libro con seudónimo?
Sí, puedes publicar un libro con seudónimo. En España, la Ley de Propiedad Intelectual reconoce el derecho de la autora a decidir si su obra se divulga con su nombre, bajo seudónimo o de forma anónima. La obra está protegida por el solo hecho de haber sido creada; utilizar otra firma no hace que pierdas la autoría ni los derechos sobre ella.
Ahora bien, el seudónimo no sustituye tu identidad legal en todos los contextos. Si publicas con editorial, tu nombre real deberá figurar en el contrato y el documento podrá indicar qué seudónimo aparecerá en la cubierta y en la comunicación pública de la obra. Si decides autopublicar un libro, las plataformas necesitarán tus datos reales para verificar la cuenta, realizar pagos y cumplir sus obligaciones fiscales, aunque el nombre visible para las lectoras sea otro.
También puedes inscribir una obra en el Registro de la Propiedad Intelectual. Ese registro se refiere a los derechos sobre la obra, no a apropiarte para siempre de un nombre artístico.
Si lo que quieres es proteger el seudónimo como identificador comercial, estaríamos hablando de solicitar una marca ante la Oficina Española de Patentes y Marcas. No todas las escritoras necesitan hacerlo y la concesión no es automática: depende, entre otras cosas, de que no entre en conflicto con derechos anteriores.
Por tanto, publicar con seudónimo, registrar una obra y registrar una marca son tres cosas distintas. Se parecen porque en las tres aparece el mismo nombre, pero no sirven para lo mismo.
¿Es lo mismo un seudónimo que un álter ego?
No exactamente.
El seudónimo es el nombre que utilizas para firmar. Puede limitarse a eso: otra forma de identificarte ante las lectoras sin inventar una personalidad diferente.
El álter ego implica construir un personaje o una segunda identidad con rasgos propios. Hay escritoras y escritores que se escudan tras él porque necesitan un disfraz que les haga sentir más seguros de lo que se sienten llamándose Josefa Pérez.
Es habitual encontrar en el mundo artístico a personas que sufren una timidez extrema o un pánico a la exposición bloqueante y, sin embargo, necesitan crear. Escribir, cantar, pintar o hacer arte nos aboca, inevitablemente, a mostrar lo que hacemos, venderlo y relacionarnos con los demás.
Algunas personas afrontan esas tareas mejor desde una segunda personalidad más atrevida que su yo cotidiano. Y está bien. Está más que bien, porque si al cambiar un nombre consigues ser quien quieres ser, ¿qué mal hay en ello?
Pero no necesitas inventarte una biografía, una voz o una forma distinta de comportarte para utilizar un seudónimo. Puedes cambiar la firma y seguir siendo exactamente tú.
¿Se puede cambiar de seudónimo después de publicar?
Poder, se puede. Lo complicado es conseguir que todo el reconocimiento acumulado viaje contigo.
Si cambias de nombre después de publicar, corres el riesgo de dividir tu catálogo, perder búsquedas de lectoras que conocían la firma anterior y complicar la asociación entre tus libros. También tendrás que actualizar perfiles, web, biografías y materiales promocionales, además de decidir si comunicas abiertamente que ambos nombres pertenecen a la misma persona.
En algunos casos tiene sentido. Quizá el seudónimo anterior entra en conflicto con otra autora, ya no representa lo que escribes o necesitas separar dos géneros. En ese caso, prepara una transición clara: anuncia el cambio, conecta ambos nombres durante un tiempo y facilita que las lectoras encuentren los libros anteriores.
Si el único problema es que te has cansado del nombre, yo esperaría un poco antes de dinamitar años de reconocimiento. No todos los días nos entusiasma nuestra marca, igual que no todos los días nos gusta nuestro flequillo, pero eso no significa que debamos empezar de cero cada martes.
¿Merece la pena escribir con seudónimo?
Depende de si resuelve un problema real.
Si protege tu intimidad, evita que te confundan con otras autoras, separa dos catálogos incompatibles o te permite construir una identidad más clara, puede ser una decisión estupenda. Si lo eliges únicamente porque tu nombre no te parece lo bastante literario, recuerda que ningún nombre suena a escritora hasta que una escritora lo llena de libros.
Algunas tenemos la suerte de contar con un nombre poco habitual. En mi caso es el apellido, que no abunda y la mayoría de las personas que lo llevan pertenecen a mi familia, de lejos o de cerca.
Sin embargo, no tengo claro si cambiaría mi nombre en el caso de que fuera tan común como María Díaz.
Creo que también me lo quedaría. Por ellas, por las que nunca pudieron firmar un libro con su nombre.
Por ellas
Ya sea para sentir más seguridad, mantener el anonimato o conseguir que la gente te recuerde, todo se vale.
Por las escritoras cuyos seudónimos conocemos y a las que el tiempo les ha devuelto la merecida autoría de sus obras, pero también por todas aquellas de las que nunca sabremos que fueron mujeres escondidas tras un anónimo o un nombre de caballero; cuanto más corriente, mejor, porque podía ser cualquiera sin levantar sospechas.
Por las que lucharon y cayeron para que hoy podamos tener nuestro propio trabajo, manejar nuestro dinero, decidir con quién queremos estar y a quién queremos votar. Sé que esto lo digo desde mi situación privilegiada de mujer nacida en el primer mundo y en esta época. Por desgracia, todavía existen países donde las mujeres están privadas de esos derechos. Pero, como yo sí los tengo, quiero usarlos y celebrarlos.
Por Jane Austen, por las Brontë, por Louisa May Alcott, por Caterina Albert y por las anónimas de la historia.
Gracias a todas ellas hoy podemos llamarnos como nos dé la gana.



