Novelas sobre conflictos madre-hija que entienden lo difícil que es ser hija adulta

novelas sobre conflictos madre-hija
novelas sobre conflictos madre-hija

Cuando escribí mi primera novela, no sabía que los conflictos madre-hija me interesaban tanto.

Dejando de lado mi opinión sobre que todas las relaciones maternas son inevitablemente traumáticas, no creo que toda protagonista femenina deba estar peleándose con su árbol genealógico para resultar interesante. Ahí tenemos a Lucy Hutton, un personaje que me parece de lo más interesante, que se lleva de fábula con sus padres.

Pero me atraen como el brillo a una urraca, hay algo en esas historias que me parece profundamente humano, incómodo y real. Sobre todo cuando las protagonistas ya no tienen veinte años y tienen que seguir lidiando con según qué actitudes maternas.

Lo sé por experiencia propia y porque tengo la suerte de tener amigas a las que les puedo contar cualquier cosa sin que me sometan a un juicio (y viceversa). Y es que hay una idea bastante extendida de que crecer consiste en independizarte, construir tu propia vida y convertirte, mágicamente, en una adulta emocionalmente resuelta.

Y no sé vosotras, pero yo cada vez veo más mujeres que funcionan perfectamente en su trabajo, pagan facturas, sostienen familias enteras y aun así vuelven a sentirse adolescentes determinadas veces cuando hablan con su madre.

Ese choque me interesa muchísimo en ficción.

Novelas sobre conflictos madre-hija donde nadie es completamente víctima ni villana

Creo que muchas veces las novelas sobre conflictos madre-hija habían quedado reducidas a dos extremos: o la madre perfecta o la madre terrible (soy muy fan de este último).

Pero luego está ese nivel de conflicto intermedio: las madres que quieren a sus hijas, pero no saben relacionarse con ellas. Las hijas que entienden a sus madres y aun así necesitan distancia. Las mujeres adultas que descubren que todavía siguen buscando aprobación aunque jurarían que eso ya lo tienen superado.

Quizás por eso me cuesta tanto desconectar las novelas sobre conflictos madre-hija de la Novela romántica contemporánea. Porque, al menos en las historias que más me conmueven, la forma en que una protagonista ha sido querida en casa suele afectar también a cómo se relaciona con el amor, con la validación o con su propia identidad.

Un buen ejemplo de novela con una madre que quiere a su hija, pero no sabe cómo tratar con ella, es La música secreta del verano de Ana González Duque. La madre de Claire, aunque en un principio parece que solo quiere asfixiarla, es una mujer que no sabe cómo hablar con su hija y que no asume que tendrá que cometer errores porque la vida de Claire no es la suya. Pero eso bonito y es real.

Novelas sobre conflictos madre-hija y protagonistas femeninas imperfectas

¿Y qué hay de las protagonistas contradictorias con madres contradictorias? Me resultan admirables.

Las que reaccionan mal. Las que saben perfectamente lo que les pasa y aun así siguen tropezando con lo mismo. Las que tienen sentido del humor incluso cuando están montando su vida como una estantería y se dan cuenta de que les sobran tres tornillos.

Además, muchas novelas sobre conflictos madre-hija permiten construir personajes femeninos llenos de matices sin necesidad de convertir la historia en una tesis sobre salud mental o dinámicas familiares.

A veces basta una comida incómoda, una frase repetida durante años, una expectativa no cumplida.

Y de pronto entiendes por qué una protagonista necesita gustar constantemente, por qué tolera determinadas relaciones o por qué le cuesta tanto sentirse suficiente.

Un buen ejemplo de novela donde el personaje sufre las consecuencias directas de una madre complicada es Todos quieren a Daisy Jones, de Taylor Jenkins Reid.

La madre de Daisy es una mujer extremadamente centrada en sí misma, en la imagen, en la vida social y en mantener una apariencia sofisticada. Daisy crece en una casa rica y aparentemente privilegiada, pero emocionalmente bastante vacía. Sus padres prácticamente no la miran. No hay atención real, ni supervisión, ni validación afectiva.

Consecuencia: Daisy aprende desde muy pequeña que para recibir atención tiene que ser fascinante.

Las herencias emocionales que no se ven

No sé si es mi parte macabra de escritora o es que soy así independientemente de que me guste escribir, pero la idea de la herencia emocional me resulta magnética.

Por desgracia ocurre mucho, que algunas creencias pasan de madres a hijas sin que nadie las verbalice demasiado. Las formas de entender el amor, el sacrificio, el cuerpo, el éxito o incluso lo que significa ser «una buena mujer».

Por eso creo que las novelas sobre conflictos madre-hija conectan especialmente bien con muchos de los temas que aparecen actualmente dentro del feminismo en la novela romántica. No porque busquen dar lecciones, sino porque muestran mujeres intentando entenderse dentro de estructuras emocionales que vienen de muy atrás y muy arraigadas.

Y, para ser sincera, es algo en lo que me veo muy reflejada. Puede que por eso explore las relaciones intergeneracionales una y otra vez en mis novelas. Independientemente de que la madre sea más mala que un dolor de muelas, como es en el caso de mi primera y segunda novela. O una madre totalmente ausente y despegada como es la madre de Brisa en Si empezara de nuevo.

Puede que leer y escribir novelas que hablan de mujeres adultas que todavía están intentando separarse un poco de aquello que heredaron hable más de mí de lo que me gustaría admitirme.

Si tuviera que recomendar una novela que explora la relación madre e hija como herencia que no se ve, pero se siente hasta en el tuétano, te diría que le echaras un vistazo a También esto pasará de Milena Busquets. Es brutal la forma en que la relación madre e hija lo determina todo en la vida de la prota. Se trata de una relación muy tóxica, pero muy desgarradora también.

Conclusión: me hago mayor

Seguramente todo esto tenga que ver con la edad.

Con que cada vez me interesa más explorar el mundo interior femenino, el universo interno de mujeres que aman a sus madres y al mismo tiempo sienten el peso de determinadas expectativas. De las que intentan construir una identidad propia mientras descubren cuánto de sí mismas sigue condicionado por su familia. De las que no siempre toman buenas decisiones, pero que al menos resultan reconocibles.

Cada una tiene sus taritas, ¿qué le vamos a hacer?

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Queda tiempo para hacerlo mejor - Bea Peidró

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