
Últimamente he dejado unos cuantos libros a medias, así que tiene cierta gracia que haya terminado Spooky Love y que, si me preguntas qué me ha parecido, mi respuesta más entusiasta sea «se deja leer». Con la cantidad de novelas que seguramente tienes pendientes, tampoco parece una recomendación como para salir corriendo a la librería.
La novela de Jennifer Chipman tiene una particularidad que me parece muy interesante: sus capítulos están sellados y la propuesta es abrir uno cada día, desde el 8 de octubre hasta el 31. Un calendario de Adviento de Halloween con un aspecto muy llamativo para las que nos van las cubiertas cuquis, amamos el otoño y nos va esta festividad importada.
La idea me parece estupenda. Como lectora, me atrae ese ritual de abrir el capítulo que toca; como especialista en marketing literario, me interesa ver cuánto influye la presentación en la experiencia. En este caso, después de terminarlo, me ha gustado más la propuesta que la historia.
Spooky Love y su calendario de Halloween: un capítulo al día
Al principio pensé que habría algo en la historia que me estaba manteniendo enganchada sin que yo supiera identificarlo. Porque a pesar de no aportarme demasiado, de ser más de lo mismo pero sin llegar a emocionarme, cada noche volvía a abrir el capítulo que tocaba. Después de darle unas vueltas, creo que la clave está en que solo tenía que leer un capítulo al día.
Ese ratito me resultaba asumible. La novela se dejaba leer, pasaba un rato con ella y después podía volver a la lectura que realmente estoy disfrutando. No estaba contando las horas hasta poder abrir el siguiente capítulo, aunque tampoco me costaba ponerme. Esa pequeña dosis diaria ha funcionado conmigo.
No sé si habría continuado de haber leído Spooky Love como cualquier otra novela. Quizá sí, o puede que la hubiera dejado para otro momento, como la ropa que guardo en el armario «por si acaso adelgazo».
Lo interesante es que el formato me daba un motivo para regresar incluso cuando la historia no me despertaba demasiada curiosidad. Abría el capítulo correspondiente, leía y hasta mañana. Sin grandes esfuerzos ni una entrega de mi tiempo que me hiciera mirar de reojo el resto de los libros pendientes.
Además, que sea un calendario de Adviento le pone una fecha a la experiencia. Hay un principio, un final y una pequeña cita diaria entre ambos. El libro se ha hecho un hueco en octubre y yo he ido cumpliendo con más constancia que otras tareas para las que también bastaría con dedicar un ratito al día. Prefiero no hablar de mi vuelta al gimnasio, esa que tenía que hacer al terminarse el verano.
Desde el punto de vista del marketing literario, me parece un acierto ofrecer una forma concreta de disfrutar del libro. La edición llama la atención y, una vez que empiezas, el calendario sigue participando en la lectura. Al menos en mi caso, ha tenido bastante que ver con que llegara hasta el final.
Yo habría explotado más el cliffhanger al final de los capítulos de Spooky Love
Con una propuesta así, habría aprovechado más los finales de capítulo. Si me pones delante el siguiente y me dices que hasta mañana no puedo abrirlo, dame un motivo para que me plantee desobedecer. Que tenga que negociar conmigo misma si las doce y un minuto ya cuentan como el día siguiente.
En Spooky Love he echado de menos esos cierres que te dejan con unas ganas tremendas de continuar. Alguna pregunta pendiente, una revelación o un giro que convierta la espera en parte del juego.
Tampoco necesitaría una catástrofe diaria. Me bastaría con una conversación interrumpida en el momento oportuno o con ese gesto entre dos personajes que te obliga a acercarte un poco más al libro, como si así pudieras enterarte antes.
Para mí, ahí había una oportunidad de conectar todavía más la historia con el formato. Tener que esperar hasta el día siguiente puede ser una pequeña tortura estupenda cuando lo último que has leído te deja pensando en lo que vendrá después.
Yo he respetado el calendario sin ningún esfuerzo lo que me lleva a juzgarlo como un calendario de Adviento que no cumple con su función. Tendría que haberme tenido como una niña pequeña durante el mes de diciembre abriendo su regalinchi del calendario navideño y pensando en qué le tocará mañana. A mí no me ha pasado.
Entre lo cozy cuqui de la muerte y el sexo explícito
La historia nos lleva a Pleasant Grove, donde Willow, una bruja, descubre que el gato negro que se ha cruzado en su camino es en realidad un demonio maldito. Cuando consigue devolverle su forma, aparece un hombre abrumadoramente atractivo. En la romántica sabemos que algunas maldiciones vienen con unas compensaciones estupendas. Y soy muy fan de eso.
La novela se presenta como cozy y también como muy spicy, así que el sexo explícito forma parte de la propuesta. Mi primer problema fue que compré el libro por el marketing sin ver de qué iba ni si tenía o no spicy. Mi segundo problema ha sido cómo conviven algunos de sus tonos.
Hay una dulzura en determinados momentos (aquellos en los que no se están dando mandanga) que me prepara para una forma de relacionarse y, de pronto, ciertas expresiones sexuales, palabras malsonantes o actitudes posesivas me sacan de ahí. Que él la llame «brujita» y acto seguido suelte una guarrada que ni a Christian Grey se le habría ocurrido, me exige un cambio de marcha para el que a veces no encuentro el embrague.
Puedo disfrutar de la ternura y del sexo explícito en una misma novela. En Spooky Love, la transición entre ambos registros no siempre me resulta natural, y algunas actitudes de él tampoco ayudan a que me crea la relación. Me cuesta seguir dentro de ese ambiente amable cuando la manera de hablarle o de comportarse con ella me provoca más reparos que suspiros.
Por otra parte, tengo la impresión de que las cosas se resuelven demasiado rápido y de que el viento sopla casi siempre a favor de los personajes. Entiendo el placer de entrar en una historia que te hace sentir bien, sobre todo cuando fuera del libro ya tenemos suficientes asuntos pendientes. Aun así, me habría gustado que algunas dificultades duraran un poco más, que les costara algo encontrar la salida.
No necesitaba acabar sufriendo por las esquinas. Sí habría agradecido un poco más de desarrollo para sentir que las soluciones llegaban cuando tocaba y para implicarme más en lo que les sucedía.
Esa facilidad ha contribuido tanto a que avanzara sin esfuerzo como a que la historia me haya dejado bastante templada.
Lo curioso de Spooky Love es que me ha hecho pensar en por qué abandono unos libros y termino otros. Yo habría dicho que necesitaba una historia que me atrapara, unos personajes que me importaran y ganas de saber qué iba a pasar. Resulta que también puedo llegar al final porque leer un capítulo al día me resulta asumible.
No sé si esa era la intención de quienes idearon esta edición, aunque conmigo les ha funcionado. He cumplido las fechas, he abierto mis capítulos y he terminado el libro. Ahora solo necesito que alguien aplique el mismo sistema a la montaña de ropa que tengo pendiente de doblar.
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