
Hay algo que me interesa cada vez más en la ficción: las protagonistas femeninas imperfectas que rozan lo irreverente.
Las mujeres que reaccionan mal. Las que toman decisiones emocionales aunque sepan que son una mala idea. Las que tienen sentido del humor incluso cuando su vida es el escenario de un incendio. Las que quieren mucho, pero perdonan regular y no olvidan. Las que son capaces de detectar perfectamente lo que les ocurre y aun así siguen tropezando con la misma piedra como si estuvieran participando en una competición olímpica de autosabotaje.
Esas mujeres me fascinan.
Quizás porque se parecen muchísimo más a la vida real que los personajes femeninos que evolucionan de forma impecable y perfectamente estructurada.
Las mujeres reales aprendemos tarde, a menudo mal, muchas veces a trompicones y en algunos casos ni siquiera aprendemos.
Volvemos a beber de aguas que juramos no volver a beber. Nos enfadamos durante años por algo aparentemente pequeño que en realidad nunca fue pequeño. O sí lo fue, pero juramos seguir enfadadas el resto de nuestras vidas y vamos a muerte con ello. Decimos que no vamos a caer en las garras de ese hombre que nos rompió el corazón y acabamos escribiéndole a las dos de la mañana borrachas como si la botella de vino que te has tomado sola tuviera más poder de decisión que tú. Y, la mayoría de veces, entendemos perfectamente que algo nos hace daño, pero no podemos dejar de hacerlo.
Las mujeres reales tomamos malas decisiones constantemente y nos peleamos con nuestras contradicciones. Todas tenemos una amiga que quiere adelgazar, pero elige tomarse una cerveza detrás de otra. Todas tenemos una colega que entra y sale de una relación tóxica prometiéndose no volver y se convierte en un boomerang. Y si no tienes una amiga así, mi ciela, es que esa eres tú.
Por eso me interesan tanto las protagonistas femeninas imperfectas, porque son las únicas que siento vivas de verdad.
Por qué las protagonistas femeninas imperfectas conectan tanto con las lectoras
Creo que una de las razones por las que las protagonistas femeninas imperfectas conectan tanto con las lectoras es que no intentan convertirse constantemente en una versión idealizada de sí mismas.
No están escritas para ser ejemplo de nadie.
Durante muchísimo tiempo las mujeres en ficción fueron personajes secundarios en su propia historia. Era lógico que después aparecieran protagonistas fuertes, admirables y capaces. Mujeres que ocupaban espacio y tomaban decisiones.
Pero a veces tengo la sensación de que muchas protagonistas femeninas actuales siguen teniendo que pasar otro examen distinto: el de evolucionar correctamente.
Como si el guion necesitara que aprendieran la lección exacta en el momento exacto. Como si una mujer ficticia tuviera que merecer el cariño del lector convirtiéndose poco a poco en alguien emocionalmente impecable.
Y, sinceramente, las personas no funcionamos así.
Por eso personajes como la protagonista de Fleabag funcionan tan bien. Porque es brillante y cruel, divertida y egoísta, vulnerable y caótica al mismo tiempo. Porque no parece diseñada para resultar admirable, sino humana.
Lo mismo ocurre con Bridget Jones. Bridget mete la pata constantemente, se obsesiona, toma malas decisiones sentimentales y vuelve una y otra vez a las mismas inseguridades. Y precisamente por eso sigue funcionando décadas después. Porque debajo del humor hay algo tremendamente reconocible: la sensación de estar improvisando la vida mientras finges que sabes lo que haces.
A mí me interesa muchísimo más una mujer contradictoria que una mujer perfecta.
Cómo escribo protagonistas femeninas imperfectas en mis novelas
Supongo que por eso escribo protagonistas femeninas imperfectas.
Mis personajes no suelen tener epifanías limpias ni transformaciones rápidas. Arrastran heridas durante años, reaccionan desde el miedo, se encallan en dinámicas familiares absurdas y toman decisiones emocionales aunque sepan perfectamente que son mala idea. Porque así funciona muchas veces la vida.
Creo que gran parte del desarrollo de personajes románticos consiste precisamente en permitir que las protagonistas se equivoquen, se contradigan y reaccionen mal sin obligarlas a convertirse inmediatamente en una versión emocionalmente perfecta de sí mismas. Los personajes más memorables rara vez son los más ejemplares.
Me interesan esas mujeres porque yo conozco a esas mujeres, porque yo he sido a veces esa mujer (en otros aspectos, puesto que llevo con el mismo hombre 23 años de los 42 que tengo) y porque sospecho que muchas lectoras también.
Las protagonistas femeninas imperfectas evolucionan de forma humana
Quizás por eso cada vez me cuesta más conectar con personajes femeninos escritos únicamente para inspirar. Prefiero las protagonistas que incomodan un poco. Las que toman malas decisiones. Las que llegan tarde a entenderse a sí mismas. Las que evolucionan de forma desordenada, contradictoria y poco elegante. En definitiva, las que sobreviven como pueden.
Supongo que, en el fondo, eso es lo que intento escribir siempre: mujeres reales dentro de historias románticas. Mujeres que aman, se equivocan, recaen, desean cosas contradictorias y siguen adelante sin convertirse necesariamente en una versión perfecta de sí mismas.
Porque crecer rara vez consiste en aprender la lección a la primera. A veces consiste simplemente en dejar de mentirte y aceptar que has llegado a ser alguien increíble aunque no se parezca a lo que tenías en tu cabeza cuando eras niña. A mí eso ya me parece bastante revolucionario.
Si te gustan este tipo de protagonistas…
Aquí tienes una lista de novelas que tienen protas de lo más humanas:
Cariño, cuánto te odio, de Sally Thorne
Lucy Hutton parece encantadora y luminosa, pero gran parte de la novela funciona porque también es orgullosa, obsesiva y tremendamente competitiva. Su guerra constante con Joshua Templeman no nace solo de la tensión romántica, sino de todas las inseguridades que intenta esconder detrás del humor y la ironía.
99% mío, de Sally Thorne (también)
Darcy es impulsiva, desordenada y emocionalmente caótica. Tiene la clase de personalidad que no puedes evitar juzgar, dice lo que no toca y toma decisiones bastante cuestionables. Precisamente por eso es tan humana. No parece escrita para resultar ejemplar, sino para resultar real.
Una luna sin miel, de Christina Lauren
Olive es pesimista, rencorosa y bastante incapaz de relajarse emocionalmente. Y eso hace que el enemies to lovers tenga muchísima más gracia.
Y aquí una lista de pelis:
Holidate, Sloane
Sloane está emocionalmente agotada y bastante harta de las expectativas románticas que le han vendido toda la vida. Usa el sarcasmo como escudo (cosa que me encantinfla), toma decisiones impulsivas y muchas veces actúa desde el miedo a que la decepcionen antes que desde lo que realmente desea. Tiene una personalidad que aparenta cinismo, pero en realidad está intentando protegerse constantemente.
Last Christmas, Kate
Kate es impulsiva, caótica y profundamente autodestructiva. Vive tomando malas decisiones mientras intenta convencerse de que todo le da igual, aunque en realidad está completamente perdida. Es cínica y egoísta: hiere a la gente que la quiere, evita responsabilizarse de muchas cosas y utiliza el humor y la irresponsabilidad como forma de escapar de sí misma.
Cuando las protagonistas femeninas imperfectas siguen siendo demasiado perfectas
No todas las protagonistas femeninas imperfectas funcionan igual. Hay personajes que toman malas decisiones o tienen defectos evidentes, pero que siguen estando construidos para resultar deseables.
Eso me pasa, por ejemplo, con Younger.
Liza toma malas decisiones constantemente, pero la serie rara vez la obliga a afrontar consecuencias reales. Todo le sale razonablemente bien, los hombres se enamoran de ella con facilidad y su vida, aunque falsa, acaba resultando casi aspiracional. Incluso cuando miente compulsivamente, el universo de la serie parece inclinarse para seguir validándola.
Y ahí es donde, para mí, deja de ser una protagonista femenina verdaderamente imperfecta.
Porque las mujeres reales no solemos atravesar nuestros errores envueltas en luz cálida de comedia romántica mientras todo el mundo nos encuentra fascinantes. A veces nuestras malas decisiones generan rechazo, pérdida, incomodidad o soledad. A veces (nunca) no somos encantadoras mientras nos equivocamos.
Por eso conecto mucho más con personajes femeninos que sí resultan incómodos en algunos momentos. Mujeres que no siempre tienen razón, que generan frustración incluso en el lector y que no convierten automáticamente sus defectos en algo adorable.
¿Qué personajes imperfectos literarios o del audiovisual me recomiendas?



