
Si has venido buscando una lista de temas para tu próxima obra literaria, aquí no es.
Pero antes de irte, me gustaría plantearte una pregunta que puede que sí te lleve al tema de tu siguiente novela.
¿Crees que eliges de qué van tus historias? ¿Que un día decides escribir sobre un pueblo costero, una librería o un romance que empieza mal y termina peor antes de arreglarse con libre albedrío?
Nada más lejos de la realidad, amiga. Aunque te parezca mentira (me pongo colorada cuando me miras) no elegimos los temas. Los temas nos eligen a nosotras. Y lo hacen de una forma bastante poco elegante: repitiéndose.
Ahora es cuando piensas: «Bea se ha fumado un cigarrito de la felicidad, ¿qué está diciendo?». Nada, tonterías mías. Pero que suelen ser tonterías de muchas otras escritoras, curiosamente.
Permíteme hacerte una segunda pregunta: ¿podrías decir que tus historias son distintas o estás rodeando siempre la(s) misma(s) pregunta(s)?
Temas para escribir una novela romántica
Si has buscado alguna vez ideas para escribir una novela, probablemente te has encontrado con listas interminables y casi todas con palabros en inglés: enemies to lovers, second chance, fake dating…
Y no seré yo quien venga a decirte que no te bases en eso, porque está bien. Funciona. Vende. Pero eso no son temas, son tropos, fórmulas.
El tema es otra cosa, es la pregunta que no sabes responder, pero necesitas explorar y suele tener más que ver con tu forma de mirar el mundo que con cualquier tendencia en novela romántica de cualquier subgénero.
Por ejemplo:
- ¿Qué pasa si amar significa perder independencia?
- ¿Qué pasa si llego tarde a mi propia vida?
- ¿Qué pasa si no soy suficiente para que alguien se quede?
Eso es lo que sostiene una historia, no el tropo, la estética o el escenario de una novela (por mucho que me obsesione y compre novelas que suceden en librerías por encima de mis posibilidades lectoras).
Lo que engancha es la herida que late debajo.
Ahora es cuando tú me dices que tus novelas no son iguales, que tus protagonistas son totalmente opuestas las unas a las otras, que igual que te marcas una romántica, te escribes una contemporánea… Ejem, déjame profundizar un poco más, que no nos estamos entendiendo.
Temas para escribir una novela romántica y las preguntas que se repiten (aunque cambien los personajes)
Aunque a ti te parezca que tus personajes cambian mucho de una novela a otra, aunque una historia la ubiques en Jerez de la Frontera y la otra en Nueva York, si revisas todas tus historias (publicadas o guardadas en un cajón), empiezan a aparecer patrones.
Ahí es donde entra en juego el autoconocimiento emocional. Porque cuando analizas tus historias con honestidad, descubres que:
- Repites cierto tipo de protagonistas.
- Repites ciertos miedos.
- Repites ciertas decisiones.
Ojalá fuera casualidad, pero esos patrones son tu forma de entender el amor, el conflicto y la identidad filtrándose en todo lo que escribes. Por eso, cuando trabajas el desarrollo de personajes románticos, en realidad estás trabajando mucho más que técnica. Estás poniendo nombre a tus propias preguntas. Y eso, aunque suele ser más incómodo que un tanga de madera, es lo que convierte una historia en algo que se siente bajo la piel.
Cómo encontrar los temas para tus novelas sin forzarlos
Aquí es donde muchas escritoras se bloquean, porque creen que tienen que pensar el tema y el tema es algo que no se piensa, más bien se detecta.
Algunas formas de enfrentarte a tan ardua tarea:
Revisa lo que ya has escrito. Vuelve a tus textos anteriores, incluso a esas novelas que tienes en el cajón que no quieres releer. ¿Qué conflicto se repite?
Observa qué historias te obsesionan. Las que lees, las que recomiendas, las que no puedes soltar, en cualquier formato: sirven lo mismo novelas que películas. Ahí también encontrarás pistas de qué te despierta la intensidad.
Enfréntate a lo que te incomoda. Las escenas que más te cuestan escribir suelen estar tocando algo importante. Puede que, después de enfrentarte a esa escena y esforzarte por sacar algo de provecho resulte un fiasco y no la saques a la luz jamás, pero es importante que te enfrentes a aquello que duele, porque es cuando, por un lado, lo empiezas a superar y, por otro, cuando puede salirte oro puro en forma de frases.
Te estarás preguntando por qué recomiendo que te enfrentes a tus asuntos más feos como si fuera yo tu psicóloga de confianza. Sigue leyendo, que te lo cuento en breve.
Por qué volver siempre a los mismos temas para tus novelas no es un problema
Hay una especie de miedo entre muchas autoras de novela romántica (me incluyo, bueno, me incluía, ya no me da miedo): el de estar escribiendo siempre lo mismo.
Y no es cierto que escribas siempre las mismas historias, es que repites una pregunta desde lugares distintos. Por si te lo preguntas, no es falta de originalidad, bajo mi punto de vista es identidad. De hecho, es la base de tu diferenciación literaria. Porque cuando una lectora conecta contigo, lo hace porque reconoce algo: una forma de ver el mundo, de sentirlo, de cuestionarlo.
Eso es lo que, con el tiempo, construye tu voz y tu universo narrativo.
¿Por qué es importante saber todo esto?
Porque cuando tienes esta información en tu poder, dejas de buscar «ideas» y empiezas a escribir desde esas preguntas a las que buscas respuestas y pasan varias cosas que te interesan como autora: tus historias ganan en profundidad, tus personajes dejan de parecer intercambiables y tu mensaje deja de ser genérico.
Y, sobre todo dejas de escribir para encajar y empiezas a escribir para decir algo.
Que luego eso encaje en el mercado o no es otra conversación. Ahí entran cosas como el marketing literario, pero eso ya lo sabes. Aquí estamos hablando de otra cosa, de escribir con sentido para crear una carrera literaria de verdad, en firme y sin tener en cuenta tendencias cambiantes.
Qué temas atraviesan mis historias (y por qué vuelvo siempre a ellos)
Si has llegado hasta aquí, lo justo es que no te deje sola con tus preguntas. Estas son algunas de las mías. Y no, no las vi a la primera.
Durante mucho tiempo pensé que cada novela era distinta y además quería que así fuera. Que si un viñedo en el Empordà, que si una protagonista cuadriculada, que si un reencuentro en Barcelona…
Hasta que empecé a mirar con un poco más de atención y ahí estaban mis patrones, repitiéndose una y otra vez.
En Amor a primera viña, Emma siente que su vida no va a ninguna parte. No tiene trabajo, ni pareja, ni dirección. Y se lanza a un lugar donde no encaja, rodeada de gente que parece tenerlo todo más claro que ella hasta que decide que nadie más va a ponerle la zancadilla.
En Mi más sentido bésame, Vannia ha construido justo lo contrario: una vida ordenada, controlada, aparentemente perfecta hasta que se rompe por dentro y se da cuenta de que no puedes planificarlo todo para no sufrir.
En Si empezara de nuevo, Brisa arrastra un amor que nunca se atrevió a vivir y se enfrenta a una pregunta de qué habría pasado si hubiera sido valiente cuando tocaba.
A simple vista, parecen historias distintas. Pero si rascas un poco, aparece lo que hay debajo: falta de amor propio, falta de autoestima, falta de autovaloración.
Y hay algo más que se repite, aunque no esté en las sinopsis. Las familias. O, mejor dicho, las grietas en las familias. Porque en mis historias, las relaciones de sangre no siempre son un refugio seguro, al contrario, a veces son el enemigo. Y, en cambio, aparecen otros vínculos que sí sostienen. Personas que no son familia pero que quieren más y mejor.
Ese tema se me cuela en cada historia, aunque no tenga mi permiso porque no lo invité cuando hice la escaleta. Y cuando te das cuenta de todo esto, entiendes algo importante: que hay escenas que cuestan más, que hay diálogos que salen solos y que los personajes toman decisiones propias casi inevitables porque esas preguntas no son solo suyas, también son tuyas.
Ahí es donde todo cobra sentido porque cuando escribes desde lo que de verdad te atraviesa, dejas de preguntarte si la idea es buena o mala y empiezas a preguntarte algo mucho más interesante: si estás siendo lo suficientemente honesta como para contarla.
Resumiendo…
Si tienes que forzar el tema de tu novela, probablemente no sea tu tema. Los tuyos no necesitan que los busques. Se repiten. Insisten. Molestan. Y, si les haces caso, acaban convirtiéndose en historias que no solo se leen: se viven, se sienten y se releen.



