
Si últimamente te has paseado por TikTok, Instagram o cualquier rincón de internet donde se hable de novela romántica, es probable que te hayas encontrado una y otra vez con la misma expresión: «hombres escritos por mujeres».
La conversación no es nueva, pero se ha intensificado a raíz del estreno en Prime Video de la adaptación de Kiss Me, la primera novela de la saga Off Campus de Elle Kennedy. De repente, miles de lectoras han vuelto a hablar de Garrett Graham, de los personajes masculinos que las hicieron enamorarse de la romántica y de una pregunta que aparece cada cierto tiempo en redes sociales: ¿por qué nos gustan tanto los hombres escritos por mujeres?
La respuesta es bastante más interesante de lo que parece. Porque no, no se trata únicamente de que sean guapos. Tampoco de que tengan dinero, jueguen al hockey, sean duques, vampiros, millonarios o cantantes famosos torturados.
De hecho, si algo demuestra el éxito de estos personajes es que el atractivo romántico tiene mucho menos que ver con el físico de lo que nos han hecho creer durante años.
Qué son los hombres escritos por mujeres
Cuando las lectoras hablan de hombres escritos por mujeres no se refieren a cualquier personaje masculino creado por una autora.
La expresión suele utilizarse para describir a aquellos protagonistas que parecen construidos a partir de lo que muchas mujeres consideran valioso en una relación.
Son personajes que prestan atención, que escuchan, que observan, que recuerdan detalles aparentemente insignificantes, que entienden que la protagonista tiene una vida propia, sueños propios y conflictos propios.
En otras palabras: personajes que se interesan por la mujer de la que se enamoran como persona y no únicamente como interés romántico.
Por supuesto, siguen siendo personajes de ficción. Nadie está diciendo que sean seres perfectos. De hecho, muchos de ellos son testarudos, cometen errores y toman malas decisiones.
Pero incluso cuando se equivocan, suelen hacerlo desde un lugar emocionalmente comprensible y ahí radica gran parte de su atractivo.
El secreto no suele estar en los abdominales
Existe una teoría bastante extendida según la cual las lectoras de romántica buscamos hombres imposibles.
Y es verdad que muchas novelas incluyen protagonistas físicamente atractivos.
No voy a fingir que los que yo escribo son feos o normalitos. Me baso en señores potencialmente atractivos, y tampoco seré naif: las portadas llenas de torsos desnudos venden.
Sin embargo, cuando observas qué escenas recuerdan las lectoras años después de terminar una novela, rara vez mencionan una descripción física. Lo que recuerdan es al interés romántico 1 que apareció cuando el interés romántico 2 estaba pasando por un mal momento, la conversación en la que la prota se sintió escuchada por primera vez, al personaje que respetó un límite, al que apoyó un sueño, al que supo quedarse cuando las cosas se complicaron. O cuando dijo esa frase, la que te hace sentir el corazón dentro del pecho o el nudo en la garganta aunque no seas la receptora de tanta admiración.
En realidad, las lectoras no se enamoran del físico del personaje, se enamoran de cómo las hace sentir.
Lo que realmente nos vende la novela romántica
Durante años se ha acusado a la novela romántica de vender fantasías imposibles. Y, siendo sinceras, algunas lo hacen. Por ejemplo cuando se manejan tamaños de según qué apéndices del tamaño de una botella de Coca-Cola de dos litros. Pero creo que esa crítica suele pasar por alto algo importante.
La mayoría de las lectoras no suspiran porque el protagonista tenga tanto dinero que le sale por las orejas o una mandíbula perfectamente definida. Aunque todo ayuda, claro.
Pero las lectoras suspiramos porque la prota se siente vista, porque nos van los personajes capaces de expresar emociones, porque existe comunicación. Porque ven ejemplos de respeto, apoyo mutuo y vulnerabilidad emocional.
Si analizamos muchos de los hombres escritos por mujeres que se han convertido en favoritos de las lectoras, veremos que suelen compartir una serie de características bastante sencillas.
Escuchan, piden perdón cuando se equivocan, celebran los logros de la protagonista, no intentan salvarla constantemente, la consideran una compañera y no un proyecto.
Y, sinceramente, eso dice mucho más sobre las expectativas de las lectoras que cualquier descripción física.
El fenómeno Off Campus y Garrett Graham
¡OJO!: Que conste en acta que hablo de la adaptación audiovisual en Prime Video. En ningún caso me baso en los libros. Me gustó tanto la primera temporada de la serie que le di la oportunidad al tercer libro de la saga, la que corresponde a mi personaje favorito: Dean di Laurentis.
Y la verdad, escrito da bastante grima. Considero que lo que más ha triunfado de la serie es lo aportado por Amazon. Solo diré que en los dos primeros capítulos del libro, Dean habla de su miembro viril como 123 veces. No pasé del tercer capítulo. Aclarado esto, prosigo.
El reciente estreno de Kiss Me ha vuelto a poner este tema sobre la mesa.
Porque Garrett Graham reúne muchas de las características que suelen asociarse a los hombres escritos por mujeres.
No es perfecto, no aparece en la historia convertido en un príncipe azul sin defectos, tiene problemas familiares, inseguridades y comportamientos que debe aprender a corregir.
Pero también escucha, aprende, cambia y, sobre todo, se interesa genuinamente por Hannah y por lo que ella quiere para su vida.
Si el fenómeno Off Campus hubiera dependido únicamente de un jugador de hockey atractivo, probablemente no lo hubiera petado tanto como lo está haciendo, que las de más de 40 tenemos una voz interna preguntándonos si no es algo moralmente cuestionable que nos parezcan tan monos unos niños de universidad.
Sin embargo, la serie sigue conquistando lectoras porque sus personajes conectan con algo mucho más profundo que una fantasía superficial: la necesidad de sentirnos valoradas, respetadas y comprendidas.
Dean Di Laurentis es un inmaduro cuando lo conocemos. Garrett Graham puede ser insistente hasta la desesperación. Rhys Larsen tiene más problemas para expresar emociones que muchos hombres de carne y hueso. Incluso Mr. Darcy, al que llevamos siglos poniendo en un pedestal, puede que sufriera Asperger.
Lo que los hace atractivos no es que sean perfectos. Es que evolucionan. Aprenden. Escuchan cuando se equivocan y, sobre todo, entienden que amar a alguien implica dejar espacio para que esa persona siga siendo ella misma.
¿Existen los hombres escritos por mujeres en la vida real?
Esta es la pregunta que siempre termina apareciendo.
Mi humilde opinión: sí, aunque probablemente no de la misma forma que en los libros.
La ficción tiene una ventaja evidente: solo vemos los momentos relevantes de una relación.
No asistimos a las discusiones sobre quién baja la basura, ni a los días malos, ni a las preocupaciones económicas, ni a los pequeños conflictos cotidianos que forman parte de cualquier convivencia. A veces ni siquiera los vemos compartiendo criaturas, que ya sabemos que es una época caótica para cualquier pareja.
Las novelas condensan la experiencia humana para centrarse en aquello que importa para la historia, pero eso no significa que las cualidades que admiramos en esos personajes sean irreales.
La empatía es real, la escucha es real, el respeto es real, la capacidad de apoyar a otra persona en sus sueños es real.
Por qué seguimos hablando de hombres escritos por mujeres
Creo que la razón por la que este fenómeno sigue creciendo en redes sociales tiene poco que ver con los propios personajes y mucho con las lectoras.
Porque cuando una lectora recomienda a su protagonista favorito, en realidad está hablando de las relaciones que le emocionan, de las dinámicas que le parecen apropiadas para ella, de las historias de amor que le gustaría leer más a menudo.
Y también está reivindicando algo que la novela romántica lleva décadas haciendo: colocar las emociones en el centro de la historia.
Por eso seguimos hablando de hombres escritos por mujeres, porque nos recuerdan algo que a veces olvidamos fuera de los libros: que sentirse escuchada, respetada y querida sigue siendo una de las fantasías más poderosas que existen.
Yo también escribo hombres que potencialmente puede parecer que no existen, pero sí lo hacen. Que, por cierto, si quieres que te envíe uno de ellos, lo hago. Envuelto, con regalitos, en forma de libro.
Y los hombres que estén leyendo esto no deberían preocuparse demasiado. La buena noticia es que convertirse en un hombre escrito por mujeres no requiere abdominales, millones en el banco ni una carrera en la NHL.
Por lo que llevamos siglos leyendo, basta con escuchar, respetar, comunicarse y recordar cómo le gusta el café a tu persona favorita, tampoco parece una exigencia tan descabellada.



