Qué me enseñó escribir una novela y por qué cada libro me hace mejor persona

que me enseñó escribir una novela

Te doy la bienvenida a una de las entradas más personales de mi blog.

Cuando terminé el primer borrador de mi primera novela pensé que el resto del camino estaba chupado. Que cada nuevo proyecto sería más fácil porque tendría más experiencia.

Qué inocente era.

Con los años he descubierto que escribir una novela se parece bastante a subir una montaña para descubrir que detrás hay una cordillera. Y detrás de esta, una nueva cumbre. Que no siempre tienen el mismo nivel de dificultad y que subir una complicada no tiene por qué prepararte y facilitarte la siguiente subida.

He publicado varias novelas, he corregido manuscritos hasta soñar que una coma mal puesta me perseguía por un desierto de libros y me arrancaba la cabeza de un bocado, he celebrado lanzamientos y sigo dudando de mí misma más veces de las que me gustaría admitir. Y, aunque cada libro ha sido diferente, todos me han dejado aprendizajes que van mucho más allá de la escritura.

Si alguien me preguntara hoy qué me enseñó escribir una novela, le diría lo siguiente:

Qué me enseñó escribir una novela sobre confiar en el proceso

Uno de los mayores errores que cometí al empezar fue pensar que las escritoras publicadas sabían exactamente lo que estaban haciendo. Sobre todo las que publicaban con editorial tradicional.

Pensaba que me había roto el peroné, pero no.

La mayoría avanzamos entre dudas, páginas que no funcionan como queremos y escenas que te parecen de best seller un día y una auténtica basura al siguiente.

Escribir me ha enseñado que la confianza aparece solo después de seguir adelante a pesar de la incertidumbre. Después de ser cabezona. Después de demostrarte que has puesto punto y final a otras novelas que se venden y por las que te felicitan.

Muchas veces he tenido la sensación de que una historia no iba a ninguna parte. Sin embargo, cuando miraba atrás meses después, descubría que cada escena descartada, cada capítulo reescrito y cada bloqueo formaban parte del camino.

Por eso hoy confío mucho más en el proceso creativo que cuando empecé.

Qué aprendí sobre los personajes

Al principio pensaba que los personajes eran algo que una autora inventaba.

Veía a mis compañeras decidir en una ficha de personaje tipo policial que Pepe Marisquero iba a tener una cicatriz cerca de la ceja porque de pequeño se le cayó encima la puerta de un mueble comido por las termitas y eso mostraría —nunca diría— que Pepe Marisquero era pobre.

Nunca he podido funcionar así, por ficha policial. Lo mío es escribir una escena e ir moldeando a los personajes como me parece que van a tener más gracia, o van a cuadrar mejor en la historia que quiero contar.

Yo no creo los personajes, los descubro. Y tampoco es que descubra algo nuevo con cada personaje porque he creado protagonistas con profesiones distintas, edades distintas y circunstancias distintas, pero todos tenían algo en común: buscaban su lugar en el mundo.

Y eso me hizo preguntarme por qué. La respuesta fue sencilla: yo también lo estaba buscando.

Escribir me enseñó que los personajes no necesitan ser perfectos para resultar memorables. De hecho, suelen funcionar mejor cuando están llenos de contradicciones, como las personas reales.

Así fue cómo entendí que cada escritora tiene su forma de desarrollar a sus personajes y que los procesos creativos no tienen por qué ser iguales entre escritoras o ni siquiera entre las novelas de una misma autora.

Qué me enseñó escribir una novela sobre el autoconocimiento emocional

Nadie me avisó de que escribir ficción podía parecerse tanto a una sesión de terapia.

Cada vez que construyo un conflicto, exploro un miedo o desarrollo una herida emocional, inevitablemente termino mirando hacia dentro.

Un pajarito —más bien un montón de pajarracas— me han contado que a ellas les sucede lo mismo. O sea, no quiero generalizar, pero suele ser la tónica habitual entre autoras.

A veces creemos que estamos escribiendo sobre otra persona cuando, en realidad, estamos intentando entender algo de nosotras mismas.

Muchas de las emociones que aparecen en mis novelas nacieron de preguntas que yo también me hacía sobre el amor, la familia, el miedo al cambio, sobre la necesidad de encontrar nuestro propio camino.

Por eso creo que escribir desarrolla el autoconocimiento emocional de una forma muy particular: nos obliga a observar aquello que normalmente intentamos evitar.

Lo que aprendí sobre equivocarse

Que es inevitable y que eso está bien.

Durante mucho tiempo pensé que sería una buena escritora cuando dejara de cometer errores. Cuando escribiera textos que parecían reescritos y editados a la primera. Cuando hiciera campañas de marketing sobre mis libros impecables. Cuando llenara salas en las firmas. Cuando fuera a una feria cargando 50 ejemplares y volviera a casa con las manos vacías de libros y el bolsillo lleno de dinero.

Pero la realidad es que no meter la pata es una utopía y un error no te define.

He eliminado capítulos enteros, he reescrito escenas desde cero, he cambiado personajes, he descartado ideas que me parecían maravillosas en un principio y luego fui incapaz de desarrollar.

Nada de eso fue tiempo perdido, todo formaba parte del aprendizaje.

Quizá la lección más importante que me enseñó escribir una novela es que los errores no son una señal de que estés fracasando, son una señal de que estás trabajando.

La gente que se equivoca y mete la pata, es gente que está viva y está haciendo cosas. Está claro que el que abandona, ya no la vuelve a cagar.

Qué me enseñó escribir una novela sobre ser escritora

Que escribir novelas y ser autora no es exactamente lo mismo.

Escribir una novela es crear una historia. Ser autora implica seguir escribiendo cuando nadie espera un nuevo libro, aprender, mejorar y continuar incluso cuando los resultados tardan en llegar.

También implica asumir que la creatividad convive con otras tareas menos románticas: corregir, planificar, promocionar y gestionar proyectos.

Ahora sé que somos autoras no cuando decidimos publicar, sino cuando decidimos seguir escribiendo y publicando aunque nadie nos garantice nada.

Qué sé ahora sobre publicar un libro

Que publicar no es el final de la historia, sino el comienzo de otra completamente distinta.

Cuando publicas descubres un mundo nuevo formado por lectores, librerías, presentaciones, redes sociales, newsletters y estrategias de marketing.

También descubres que publicara un libro y conseguir que encuentre a sus lectoras son dos trabajos diferentes.

Ambos superimportantes e inevitablemente complementarios. Si haces uno, necesitas el otro. No puedes publicar y no promocionar, pero imagínatelo al revés: promocionar sin libro. Perdóname el chiste malo, hoy estoy muy así. 🤣

Lo que aprendí sobre promocionar un libro

Que no eres una plasta por hablar de tus novelas.

Sé que cuesta, a mí me cuesta. No tanto en online, sí muchísimo en el offline. Me cuestan las ferias, molestar a la gente en persona, parar a alguien delante de mi estand… Me da la sensación de estar interrumpiendo su vida, pero eso no tiene que ver con mis novelas, sino con mi manera de habitar el mundo.

Es decir, soy de esa generación a la que enseñaron a no molestar y que mi opinión nunca debe tener más validez que las del resto (pese a que a veces la opinión ajena sea una puñetera basura).

Con semejante creencia, ¿cómo voy a venderme en público, cara a cara o como quieras llamarlo?

Si lo sabré yo… es terrible esa sensación. Pero también he aprendido que si yo no hablo de mis historias, nadie las descubre.

Promocionar un libro no consiste en repetir «cómprame» hasta la extenuación, consiste en compartir aquello que has creado con personas que podrían disfrutarlo.

Y eso cambia completamente la perspectiva. No estás vendiendo, estás haciendo feliz a otra persona.

Qué me enseñó escribir una novela sobre mí misma

Esta sea probablemente la lección más valiosa de todas.

Cada novela conserva una versión de quien era yo cuando la escribí: mis miedos, mis preguntas, mis obsesiones, mis esperanzas.

Por eso me cuesta mucho volver a leer esas historias años después. Porque ahí me encuentro con una yo que ya no reconozco y con la que ya no me siento alineada en muchos aspectos.

Y es raro. Prefiero dejar esa lectura a otras personas, que las descubran por primera vez, porque yo me releo y me hago bullying a mí misma. La Bea de 2026 habría escrito la primera novela de otra forma y odia a la del 2022 por no ser capaz de hacerlo mejor.

Pero por suerte las historias no solo cambian a quienes las escriben.

Quizá por eso sigo haciéndolo. Por los mensajes de las lectoras después de leerme y porque sé que nunca aprenderé todo lo que hay que aprender sobre escritura.

Cada novela nueva tendrá algo que enseñarme.

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