
Otoño siempre ha sido mi estación favorita. Si bien es cierto que la naturaleza parece que entra en decadencia y se abandona al sueño que culminará en invierno, para mí es una época de nuevos inicios y muchas oportunidades.
Creo que tiene que ver con mis recuerdos de la época escolar cuando, tras un verano largo y ocioso, volvía a clase para iniciar un curso nuevo que me retaría. Por aquel entonces me gustaba esa incertidumbre. Ojo, hablo del colegio, no del instituto. Eso es otra historia que te contaré en otro momento.
Pero hay algo más, mucho más profundo, una sensación interna y es que el clima lluvioso, fresco y húmedo hace emerger hacia la superficie una pizca de nostalgia y de tristeza sana. Es una sensibilidad que durante el verano no siento y, a partir de experimentar el primer fresco otoñal sobre la piel, aflora en mí hasta notar que se me escapa por las puntas de mis dedos. Y por primera vez en muchos meses me siento bien, como si mi esencia hubiera estado dormida y ahora despertara; lo que hace que me sienta más yo que nunca.
Así que, a pesar de ser consciente de que otoño cada vez pasa más desapercibido y que esta estación intermedia entre el calor extremo estival y el frío intenso de invierno ya no dura lo mismo que duraba hace treinta años, seguiré en mi empeño por celebrarlo y darle visibilidad.
Quiero que me devuelvan mi otoño. Y si no sucede, me lo imaginaré.
¿Qué convierte un libro en una novela de otoño?
Esta pregunta no tiene una respuesta científica, pero eso no va a impedirme contestarla con la seguridad de quien lleva toda la vida respirando y, aun así, tampoco sabría explicar exactamente cómo funcionan los pulmones.
Para mí, una novela de otoño no necesita estar ambientada entre octubre y diciembre, mencionar hojas secas cada tres páginas ni incluir a una protagonista que se pase el día bebiendo café con canela. Aunque, a ver, todo eso ayuda.
Lo que necesito es que la historia me produzca una sensación muy concreta: la de estar asistiendo al final de algo mientras otra cosa, todavía difícil de identificar, empieza a tomar forma.
Por eso relaciono el otoño con las novelas sobre regresos, segundas oportunidades, secretos familiares y personajes obligados a revisar las decisiones que los han llevado hasta allí. También con aquellas historias en las que el pasado tiene tanto peso que parece un personaje más.
El otoño no es una estación especialmente alegre, pero tampoco me resulta triste. Es más bien melancólico, que es una forma elegante de estar un poco de bajón mientras contemplas un árbol y piensas en todas tus decisiones vitales.
Esa melancolía aparece en Jane Eyre, Nada o Nuestro último verano en la isla, aunque ninguna de ellas necesite llenar sus páginas de calabazas decorativas para conseguirlo.
También hay elementos que ayudan a crear el ambiente: las casas antiguas, los pueblos pequeños, la lluvia, los paisajes costeros cuando ha terminado el verano o las reuniones familiares en las que se sirve comida y se desentierran traumas.
Sin embargo, lo importante no es el decorado, sino lo que sucede dentro de los personajes.
Las novelas otoñales hablan de cambio, pérdida y madurez, pero también de todo lo que todavía puede empezar cuando algo termina.
Quizá por eso me gustan tanto. O quizá porque proporcionan una justificación literaria para no salir de casa cuando llueve.
Novelas con carácter otoñal
Como he comentado antes, la percepción de las estaciones son las mismas para todo el mundo si nos basamos en los cambios de nuestro entorno. Así como la primavera es el despertar de la naturaleza, el otoño es lo contrario. Es la decadencia de un medio que viene de disfrutar al máximo de su floración y de su fructificación, pero que ahora necesita relajarse, entrar en un estado soporífero.
Otoño está para que el camino que nos lleva del verano al invierno sea gradual y tengamos tiempo de adaptarnos, tanto física como mentalmente. Es un bostezo que nos regala el planeta, un aviso: «me voy a echar una siesta».
Ese ánimo antes del sueño es el otoño para mí. Y todas las novelas que me sugieren esa sensación son las que te voy a recomendar en este artículo. Porque si eres tan friki como yo, te van a encantar.
Jane Eyre, de Charlotte Brontë
A día de hoy se considera una de las primeras novelas feministas, motivo por el que fue muy criticada en su época. Menuda novedad, ¿verdad? Cómo nos ha asustado siempre dar rienda suelta al deseo humano.
Hay tanta especulación alrededor de esta obra, que ya no se sabe qué es verdad y qué no. Se comenta que puede que sea autobiográfica, puesto que Charlotte se enamoró locamente de un profesor con el que se llevaba un puñado de años (él más mayor, claro), y se dice que el coprotagonista, Rochester, podría estar basado en él.
Nunca lo sabremos porque por desgracia, Charlotte no está para confirmar o desmentir.
Sinopsis:
Jane es una niña huérfana que se ha educado en un orfanato miserable. Sin embargo, pese a todas las adversidades que la vida ha dispuesto en su camino, su inteligencia y su afán por aprender consiguen apartarla del mundo de su gris infancia, y logra establecerse como institutriz.
Mientras trata de cuidar y educar a la joven Adèle, Jane empezará a trabar una estrecha relación con Edward Rochester, el padre de la pupila.
Pero el amor de Jane se verá enturbiado al descubrir que la mujer de Rochester, víctima de la locura, vive encerrada en una habitación de la casa.
¿Por qué esta historia me sugiere otoño?
Porque la siento como una historia decadente, que en cada capítulo parece que el drama no cesa, al contrario, siento que crece. Es como el otoño, que puede ser lluvioso y frío, pero el clima todavía se endurece más hasta llegar el invierno.
Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Se considera la primera comedia romántica de la historia. (Yo no la describiría como «cómica», pero ¿quién soy yo?).
Esta novela tuvo un primer borrador que se tituló Primeras Impresiones, pero el editor a quien el padre de Austen presentó el manuscrito, lo rechazó. Las escritoras y lectoras de romántica conocemos un poco el modus operandi de Jane Austen, donde no cabía el concepto de «abandonar». Volvió a reescribir el manuscrito años después y, esa vez, sí fue aceptado.
Sinopsis:
Los Bennet pueden permitirse vivir holgadamente porque el padre, un hombre culto e irónico, es usufructuario de su casa y sus fincas. Sin embargo, la señora Bennet sufre por el futuro que les espera a sus hijas cuando su marido falte si no es que por aquel entonces las cinco ya están casadas, pues en ese momento la casa irá a parar a manos de su pariente varón más próximo, el señor Collins.
Su suerte cambia de pronto cuando se enteran de que Netherfield, una gran propiedad vecina, ha sido alquilada por los Bingley, una familia adinerada. Al cabo de unos días, el agradable y simpático Charles Bingley se presenta a los Bennet acompañado de su hermana, la estirada Caroline Bingley, y de su buen amigo Fitzwilliam Darcy, incluso más rico que Bingley, pero mucho más reservado y altivo.
Durante los meses siguientes habrá visitas de cortesía, cenas e incluso un gran baile que tendrá lugar en Netherfield, en el que las cinco hijas de los Bennet tendrán ocasión de lucirse.
¿Por qué esta historia me sugiere otoño?
Este motivo es muy friki. Tienes mi permiso por escrito para que te burles de mí en comentarios. Allá voy: es una novela que me gusta leer tapada y con una bebida caliente en las manos. Y dirás: «De esa guisa entra cualquier libro». Y yo te contesto: «Sí, pero sobre todo este en concreto». No me repliques, es de mala educación.
Y así es como confieso que tengo romantizado algo tan normal como el acto de leer.
El amor ha muerto, de Ashley Poston
Esta novela ha entrado en mi top 3 de novelas preferidas del mundo mundial. Es tierna, la protagonista tiene un humor maravilloso y se trata la muerte de una forma respetuosa, pero también natural. Me gusta el protagonista a un nivel de Joshua Templeman de Cariño, cuánto te odio.
Sinopsis:
Florence Day escribe por encargo para una de las autoras de romántica más prolíficas de la industria, pero tiene un problema: tras una ruptura terrible, ha dejado de creer en el amor. Para ella, está muerto y enterrado. Y de esto Florence sabe mucho, porque tiene un don que le permite ver fantasmas desde niña.
Cuando su nuevo editor no acepta darle una prórroga para su última entrega, Florence se prepara para decirle adiós a su carrera, pero justo entonces recibe una llamada sobre otra despedida que la obliga a volver a casa. Y, aunque Florence espera encontrarse su pueblo natal casi como lo dejó, se lleva una sorpresa cuando un fantasma inesperado la sorprende en la puerta de la funeraria familiar.
Para ella, el romanticismo ha pasado a mejor vida… pero lo mismo le ha sucedido a Benji, su editor, y su asunto sin resolver hará que Florence se cuestione todo lo que siempre ha creído saber sobre las historias de amor.
¿Por qué esta historia me sugiere el otoño?
Porque a pesar de ser dulce, divertida y ligera, me hizo sentir la decadencia del otoño durante toda la trama. Por eso la pongo en este post, porque hace sentir que algo muere constantemente.
Nada, de Carmen Laforet
Si hay un libro que ha entrado en mi lista de las mejores lecturas que además releeré en algún momento de mi vida, es Nada, de Carmen Laforet.
Tengo anécdota con esta novela. Recuerdo que una de mis mejores amigas me dijo que en su instituto la obligaron a leer este libro (que por cierto, aclaro que no es romántico, pero me parece una delicia para cualquier lectora que se precie), y que el título no podía hacerle más honor, porque efectivamente, en esta historia no ocurría nada.
Durante años me quedé con esa idea en la cabeza. Sin embargo, más de veinte años después, no dejo de escuchar que es una lectura obligatoria para cualquiera, que es una obra maestra… Mi amiga no es conocida por su amor hacia la literatura, eso también es verdad. Así que decidí darle una oportunidad. Entonces entendí que, a veces, solo nos obligan a leer libros fuera de la madurez necesaria para entenderlos porque yo también considero Nada una obra maestra; pero puede que solo sea porque lo he leído siendo adulta.
Sinopsis:
Tan solo medio año después de que acabe la guerra civil, la joven Andrea se traslada a Barcelona para estudiar Letras en la universidad.
En cuanto entra en el piso de su abuela, la suciedad, la tradición, la tensión, la violencia y el odio, un perfecto reflejo de la sociedad de la época, van enturbiando la ilusión que siente por su nueva vida en la Ciudad Condal. Pero cuando conoce a Ena, una chica de la facultad, descubre un mundo brillante y esperanzador y se da cuenta de que la ansiada libertad que persigue está más cerca de lo que cree.
Con una sensibilidad extraordinaria para adentrarse en los recovecos más íntimos del alma humana, Carmen Laforet retrata las vivencias de una mujer que, ante una realidad cruel y opresiva, no desiste de su empeño por ser quien quiere ser.
¿Por qué esta historia me sugiere otoño?
Porque la posguerra en sí me resulta decadente y me suena a agonía, más que a muerte. La historia de Andrea es una agonía de principio a fin.
Nuestro último verano en la isla, de Abril Camino
Otra de las mejores novelas que he leído en 2024, la mejor novela de la autora hasta ahora (2024) bajo mi punto de vista. Ha sabido entrelazar las historias de dos familias entre pasado y presente de una forma que es digna de estudiar.
Además, destacaría la documentación, los datos sobre la España de la posguerra que se van dando como pinceladas durante toda la novela y que se da de forma tan bien distribuida.
Sinopsis:
La muerte del señor Martín y su decisión de incluir a Lucas y Marina en el testamento hace que ambos se reencuentren en la casa en la que pasaron los veranos de su infancia; la casa en la que se enamoraron y se hicieron promesas que acabaron rotas.
Después de un reencuentro incómodo, Lucas y Marina deciden investigar los hechos que desembocaron en su ruptura hace casi dos décadas. Para ello tendrán que viajar cuarenta años atrás en el tiempo, hasta el último verano de la dictadura, el que marcó las vidas de sus padres y condicionó para siempre el futuro de ambas familias.
¿Se arrepentirán Lucas y Marina de desvelar los secretos que llevan tantos años guardados? ¿Serán capaces de continuar con sus vidas después de sacar al descubierto décadas de mentiras? Y, sobre todo, ¿podrán reencontrarse en el mismo lugar en que la vida los separó?
¿Por qué esta novela me sugiere otoño?
A pesar de que en el título se lee «verano», a mí esta novela me sugiere otoño por dos motivos: porque el recuerdo del verano está marcado por la nostalgia, con lo cual se tinta de colores sepia y marrones, tan propios del otoño. Y porque la isla es inventada, pero se ubica cerca de Galicia, con lo que ello conlleva: un clima más bien frío incluso en verano.
El riesgo de amar(te), de Desirée Ruiz
Qué bonito escribe Desirée Ruiz. Es de esas autoras que se meten bajo las capas de sentimientos de los personajes y te hacen comprender el porqué de todo lo que hacen. Su sensibilidad a la hora de añadir mochilas emocionales es maravillosa y la recomendaré siempre porque es un gustazo encontrar personajes tan bien construidos.
Sinopsis:
«A veces, el mayor riesgo es no arriesgarse».
Dieciocho meses después de marcharse en busca de éxito laboral, un desagradable suceso lleva a Anne de vuelta a Blackstone. Allí está todo lo que considera su hogar, pero también está él: Pete. El hombre cuya presencia evoca recuerdos de un pasado que ella es incapaz de olvidar.
Su regreso reaviva viejos conflictos, sumerge todo en caos y altera la rutina tranquila que Pete había construido tras su partida. Atrapados en una constante lucha entre atracción y desencuentros, la intensa química que los une los empuja a afrontar un desafío crucial: descubrir si lo que una vez les pareció imposible es ahora inevitable.
¿Serán capaces de reconocer y aceptar lo que para los demás resulta evidente?
Mientras tanto, Blackstone oculta un secreto que pondrá en jaque la vida de Anne. Una verdad que podría cambiarlo todo.
¿Por qué esta novela me sugiere otoño?
¿Has visto la cubierta? Pues eso, se respira otoño en todas sus páginas.
Annie MacAllister ha vuelto, de Lucía Herrero
Si te gustan las historias que suceden en pueblecitos pequeños donde se reencuentran dos personas que una vez se quisieron con locura, esta es una historia para ti.
Sinopsis:
Hace ocho años, Annie MacAllister dejó atrás su pueblo, su familia y a su novio, Tom, para cumplir su sueño de convertirse en cantante de country y vivir de su música.
Ahora, en medio de la peor crisis creativa de su vida, Annie ha vuelto a Greytown. Y las musas han decidido acompañarla.
Hay tres cosas que Annie teme más que nada en el mundo: que su carrera se hunda por culpa de su falta de inspiración, volver a quedarse atrapada en el pueblo, y enfrentarse a Tom. Y va a tener que lidiar con todas a la vez.
Porque hay heridas que parecen curadas, pero no lo están, a pesar de los años y de los vaivenes de la vida. Y por eso lo más sensato sería marcharse, pero no puede hacerlo. No, ahora que por fin ha vuelto a componer. ¿Y si se marcha y las musas la abandonan? Necesita un nuevo disco, y no desistirá hasta haber escrito las canciones necesarias para grabarlo.
Y no está dispuesta a dejar que Tom se interponga en su camino. Ni a perder de nuevo su corazón en el proceso.
¿Por qué esta novela me sugiere otoño?
Porque la historia sucede a las afueras de un pueblo durante una época en que hace frío, pero no demasiado entre cabañas de madera.
Aquel otoño al sol, de Helen Rytkönen
Lo de Gara y Theo no es un slow burn, es un amor cocinado a fuego lentísimo durante tres décadas. Se encuentran, se pierden y vuelven a coincidir, pero la vida parece empeñada en hacer que el momento adecuado siempre les pille ocupados con otra cosa.
Sinopsis:
Gara arrastra una infancia marcada por la violencia, aunque ha aprendido a construirse una vida con determinación — incluso si nunca termina de sentirse del todo en paz consigo misma—.
Theo ha heredado de su tío, un empresario tan carismático como controvertido, el don para los negocios y una forma de amar que lo arriesga todo… menos lo que de verdad importa.
Y, siempre presente, Guille: el mejor amigo de Gara desde niños, el que se queda cuando todos los demás se van, aunque alguna vez la frontera entre la amistad y algo más se vuelva, por un instante, borrosa.
¿Por qué esta novela me sugiere otoño?
Esta vez el título me lo ha puesto bastante fácil, pero no es el único motivo.
Es una novela otoñal porque habla del amor desde la madurez, cuando una segunda oportunidad ya no consiste en empezar de cero, sino en aceptar todo lo vivido antes de volver a elegir.
El otoño literario también es una etapa de la vida
No todas las estaciones que aparecen en una novela tienen que ver con el clima. Algunas describen el momento vital en que se encuentran los personajes.
La primavera pertenece a los comienzos, a las primeras veces y a esa etapa maravillosa en la que todavía no has acumulado suficiente experiencia para sospechar que algo puede salir mal.
El verano es la intensidad, la urgencia y las decisiones que se toman creyendo que las consecuencias pertenecen a una versión futura de ti misma. Pobre versión futura, siempre recogiendo lo que dejamos por ahí.
El otoño, en cambio, llega cuando los personajes ya han vivido lo suficiente para saber que elegir un camino significa renunciar a otros. Han querido, han perdido, se han equivocado y ya no pueden fingir que disponen de todo el tiempo del mundo.
Por eso las historias de segundas oportunidades me parecen tan otoñales. No hablan únicamente de recuperar un amor, sino de enfrentarse a la persona que eras cuando lo perdiste.
En Nuestro último verano en la isla, Lucas y Marina regresan al lugar donde se enamoraron y deben revisar una historia construida sobre secretos ajenos. En Annie MacAllister ha vuelto, la protagonista regresa al pueblo y al hombre que dejó atrás mientras intentaba convertirse en otra persona.
Lo mismo sucede en El riesgo de amar(te), donde el regreso de Anne remueve una vida que parecía haberse acomodado sin ella.
La nueva incorporación a esta lista, Aquel otoño al sol, lleva esta idea todavía más lejos, porque acompaña un amor que necesita tres décadas para encontrar su momento.
Qué novela de otoño elegir según el día que tengas
No todos los días de otoño son iguales y, por tanto, tampoco deberían serlo las novelas que elegimos para acompañarlos.
Hay tardes luminosas en las que el sol todavía calienta, aunque empiece a oscurecer demasiado pronto. Para esos días escogería una historia de segundas oportunidades como Annie MacAllister ha vuelto, El riesgo de amar(te) o Aquel otoño al sol.
Son novelas para cuando apetece creer que regresar no siempre significa retroceder y que algunas historias necesitan tiempo para encontrar su forma definitiva.
Después están los días grises, esos en los que parece que el cielo ha decidido no encenderse del todo. Ahí entran Jane Eyre y Nada, dos lecturas muy distintas que comparten una atmósfera opresiva y personajes femeninos empeñados en no dejarse aplastar por ella.
Si lo que buscas es nostalgia, secretos familiares y la sensación de que el pasado lleva demasiado tiempo esperando una explicación, elegiría Nuestro último verano en la isla.
Para una lectura más amable, pero atravesada por la muerte y la pérdida, me quedaría con El amor ha muerto. Tiene fantasmas, una funeraria familiar y una historia romántica capaz de ser tierna sin fingir que el duelo se resuelve con dos frases bonitas. Ideal para la spooky season, la de verdad, la de calabazas convertidas en caras diabólicas y disfraces terroríficos.
Y si necesitas refugiarte en una historia conocida, siempre quedará Orgullo y prejuicio. Darcy seguirá siendo orgulloso, Elizabeth continuará juzgándolo antes de tiempo y tú podrás leer sabiendo exactamente dónde vas a sentirte como en casa.
Quizá eso sea lo que busco realmente en las novelas de otoño: no que todas me provoquen la misma emoción, sino que me permitan habitar la estación de maneras diferentes.
Unas me ofrecen melancolía, otras refugio y algunas me recuerdan que perder algo no impide que la vida siga trayendo cosas nuevas.
Aunque, si además incluyen una casa antigua, lluvia contra las ventanas y una tensión romántica sin resolver, tampoco voy a protestar.
Me enamora otoño
Esa es la pura verdad. Me enamoran las castañas calentitas envueltas en papel de periódico, el aroma que desprenden los boniatos al cocerse en el horno, las tazas de chocolate deshecho con pan duro, pisar hojas secas, las tonalidades anaranjadas, amarillentas, amarronadas, la ropa de entretiempo, las mantas de pelo. Me gusta todo del otoño y es más de lo que puedo decir del resto de épocas del año, aunque admito que la navideña también me tiene el corazón conquistado.
Esto lo escribo todavía en camiseta de tirantes, pero lo dicho, si el otoño no llega, meteré la nariz en uno de estos libros e imaginaré que vivo en él.
¿De qué estación eres fan?
Aviso de afiliación: Este artículo contiene enlaces de afiliado de Amazon. En calidad de Afiliado de Amazon, obtengo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables, sin que esto suponga un coste adicional para ti.












2 respuestas
De la serie de la Kleypas yo me acabo de leer el cuarto, el de invierno, sin haber leído los anteriores 😀
Son independientes, cada uno cuenta la historia de una chica, así que no creo que tengas problemas 🙂
¡Fuas! Me dejas más tranquila, anotado queda. Mil gracias 😀