
El bloqueo creativo es un pequeño ser del inframundo que viene a visitar a las escritoras de vez en cuando para amargarnos la vida literaria. Lo sé, porque el maldito también vino a verme en un momento de mi vida.
Me sentaba delante del ordenador convencida de que, si había escrito tres novelas, ¿cómo podía ser que no saliera la cuarta? Sabía crear una historia, mejor o peor, pero lo había hecho tres veces antes.
Sin embargo, abría el documento, escribía una frase y la borraba. Escribía otra y la hacía desaparecer de nuevo. Miraba el reloj y ya se había acabado el tiempo de escritura.
Entonces llegó la conclusión que casi todas sacamos ante estas circunstancias, tenía un bloqueo creativo.
Y puede que fuera así, pero no siempre esa es la conclusión correcta.
Hay que tener en cuenta que no todos los bloqueos creativos nacen de la misma situación. Algunos aparecen porque llevas semanas viviendo con el piloto automático puesto. Porque tu cabeza está intentando llegar a todo. Porque tu vida está tan llena que ya no queda espacio para crear.
Para quienes tenemos en la cabeza el mantra de ser productivas, escribir más rápido y publicar con más frecuencia, parar puede parecer un fracaso. Sin embargo, el descanso también forma parte de la estrategia de cualquier escritora que quiera seguir escribiendo dentro de cinco, diez o veinte años.
¿Qué es realmente un bloqueo creativo?
Cuando hablamos de bloqueo creativo, solemos imaginar a una escritora que ha perdido la inspiración. Como si las ideas hubieran decidido hacer las maletas sin previo aviso.
Pero tranquila, no significa que hayas dejado de ser creativa. La creatividad es algo intrínseco en el ser humano, y mientras sigas siendo humana, seguirá ahí. (Por lo tanto, no te conviertas en orco o similares, por el bien de tu creatividad).
El bloqueo creativo a veces significa que tu cerebro no dispone de los recursos necesarios para crear. Escribir una novela exige tomar cientos de decisiones continuamente. Elegir palabras, desarrollar personajes, resolver conflictos, mantener la coherencia de la trama… Todo eso consume una energía mental abrumadora.
Cuando esa energía está ocupada intentando gestionar otros problemas, la creatividad suele ser una de las primeras víctimas.
Por eso, antes de buscar técnicas para recuperar la inspiración, merece la pena hacerse una pregunta mucho más sencilla:
¿Realmente tengo un bloqueo creativo o simplemente estoy saturada?
El bloqueo creativo no siempre nace de la escritura
Hay épocas en las que escribir resulta mucho más difícil, y no tiene nada que ver con la novela que tienes entre manos.
Los motivos pueden ser cientos: acabas de cambiar de trabajo, estás cuidando de un familiar, has sido madre hace poco, estás atravesando una separación, llevas meses durmiendo mal… Vamos, que la vida se te ha complicado.
En esos momentos es fácil pensar que has perdido el talento, cuando en realidad lo único que has perdido es la capacidad de concentrarte. La creatividad no vive aislada de tu vida. Vive dentro de ti. Si tú estás sobreviviendo, es completamente normal que escribir deje de fluir.
Y aquí aparece un sentimiento muy habitual entre las escritoras: la culpa.
Nos castigamos por no escribir, nos comparamos con otras autoras que parecen publicar sin descanso y nos fustigamos pensando que estamos perdiendo el tiempo.
Sin embargo, igual que hablamos de la importancia de practicar la autocompasión en otros aspectos de nuestra vida, también deberíamos aplicarla a nuestro proceso creativo. No todas las etapas vitales permiten escribir al mismo ritmo, y aceptar esa realidad suele ser mucho más útil que pelear constantemente contra ella.
Exceso de formación
Hay otro tipo de bloqueo creativo que es el de saturación por formación.
Ese aparece cuando consumes tanta información sobre escritura que acabas olvidándote de escribir.
Empiezas un curso sobre estructura, después ves varios vídeos sobre desarrollo de personajes, escuchas un pódcast sobre marketing literario, lees una newsletter sobre Instagram, compras un libro sobre copywriting, te apuntas a mil y un webinar, guardas veinte publicaciones para leer más tarde…
Y, cuando te quieres dar cuenta, llevas semanas aprendiendo sobre escritura sin escribir.
No me malinterpretes. Formarse es maravilloso. Yo misma dedico buena parte de mi trabajo a enseñar marketing a escritoras y sigo aprendiendo constantemente. El problema aparece cuando confundimos preparación con progreso.
Llega un momento en el que nuestro cerebro recibe tantas opiniones distintas que empieza a cuestionarlo absolutamente todo. ¿Y si este personaje no funciona? ¿Y si la estructura está mal? ¿Y si debería cambiar el punto de vista? ¿Y si esta escena no genera suficiente tensión?
Al final, el perfeccionismo termina disfrazándose de formación. Aprender es importante, pero crear también lo es. Y, sinceramente, cuanto más la cagues y más te corrijan, más aprenderás.
Si llevas meses consumiendo contenido sobre escritura y cada vez escribes menos, quizá el siguiente curso que necesitas hacer sea cerrar el navegador y volver a tu novela.
El descanso también forma parte de la estrategia diaria
Vivimos rodeadas de mensajes que glorifican la productividad en todos los aspectos de la vida, no solo en escribir. Te deberías levantar antes, escribir todos los días, ser constante…
Y ok, la constancia es superimportante, pero convertirla en una religión sin preguntarte por qué tiene consecuencias nefastas.
Las novelas no se escriben únicamente poniendo palabras detrás de otras palabras. Se escriben viviendo experiencias como leer, conversar, viajar, escuchar conversaciones ajenas (sí, la calle es una fuente inagotable de futuras historias), observar, emocionarte y, aunque te cueste la vida aceptarlo, aburrirte.
No hay un alimento más potente para la creatividad que aburrirte como una ostra.
Por eso, descansar nunca es sinónimo de abandonar tu proyecto, le da a tu cerebro el espacio que necesita para reorganizar ideas, conectar conceptos y recuperar energía.
De la misma forma que planificas el lanzamiento de un libro o preparas un calendario de publicaciones para tus redes sociales, también merece la pena planificar los momentos en los que vas a bajar el ritmo.
El mayor error al intentar superar un bloqueo creativo
Cuando sentimos que no avanzamos, solemos responder haciendo exactamente lo contrario de lo que necesitamos.
Nos obligamos a escribir más, nos imponemos objetivos más ambiciosos y encima nos hablamos mal, porque somos unas perezosas, porque podríamos hacer más, porque hemos estado hora y media viendo una peli en Netflix en vez de dedicar esa hora y media a la novela que estamos escribiendo.
Pensamos que la solución pasa por esforzarnos todavía más, pero si el problema es el agotamiento, añadir más trabajo rara vez funciona.
Es como intentar llenar una botella mientras sigue perdiendo agua por el fondo: antes o después tendrás que reparar la fuga.
Con la creatividad ocurre algo parecido. Si tu cabeza está saturada, el descanso no es un premio que llega cuando terminas de trabajar, es una herramienta de trabajo.
¿Cómo saber si tu bloqueo creativo necesita descanso o disciplina?
No siempre es fácil distinguir una situación de otra. Estas son algunas pistas que pueden ayudarte.
Quizá necesitas descansar si…
- También has perdido las ganas de leer.
- Te cuesta concentrarte en cualquier tarea, no solo en escribir.
- Todo lo relacionado con la novela te produce agotamiento.
- Llevas semanas sin desconectar mentalmente.
- Sientes que todo te exige un esfuerzo enorme.
Quizá necesitas volver a sentarte a escribir si…
- Solo te da pereza empezar.
- Cuando consigues escribir veinte minutos disfrutas del proceso.
- Has cambiado la escritura por otras tareas menos importantes.
- El miedo a que la novela no salga bien es lo que te está frenando.
Ser honesta contigo misma es mucho más útil que intentar aplicar el mismo consejo en cualquier situación. No todos los bloqueos creativos tienen el mismo origen, por eso tampoco necesita la misma solución.
Un bloqueo creativo no significa que hayas dejado de ser escritora
Lee atentamente porque quizá esta sea la idea más importante de todo el artículo.
Muchas escritoras creen que, si pasan unas semanas sin escribir, están retrocediendo y eso no es verdad.
Escribir una novela forma parte de un proceso mucho más amplio partido en varias etapas: hay etapas para planificar, para escribir, para corregir, para promocionar y para descansar.
Igual que no cuestionas tu identidad cuando terminas un primer borrador y empiezas las correcciones, tampoco deberías cuestionarla porque necesites parar unas semanas.
Aprender a confiar en el proceso significa aceptar que no todas las fases consisten en producir páginas.
Algunas consisten, sencillamente, en recuperar las fuerzas necesarias para volver a disfrutar de ellas.
Si tu objetivo es seguir escribiendo durante muchos años, la decisión más estratégica que puedes tomar es cerrar el portátil, salir a dar un paseo y permitir que tu creatividad respire.


